Manuel Diosleguarde abre la primera puerta grande de la Feria de las Novilladas y gusta mucho el mejicano Héctor Gutiérrez.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Algemesí, 22 de septiembre. Segunda de feria. Lleno.
Cinco novillos de Cebada Gago, el tercero para rejones. Bien presentados, nobles y manejables. Parado el tercero.
Héctor Gutiérrez (de siena y oro), oreja y vuelta al ruedo.
Manuel Diosleguarde (de turquesa y oro), dos orejas y silencio con aviso.
Pérez Langa, ovación tras aviso.
De las cuadrillas destacó Marcos Prieto.
Tras la decepcionante novillada de Saltillo que abrió el serial y se cargó el espectáculo, ayer la Feria de las Novilladas recuperó su habitual tono triunfal con un encierro de Cebada Gago, bien presentado, noble y manejable en lineas generales aunque le faltó duración. Pero permitió que sus matadores luciesen y que Manuel Diosleguarde se convirtiese en el primer triunfador del serial.
Lo hizo ya en su primer turno de actuación, al apurar a un novillo que sangró mucho en varas pero que aún así tuvo voluntad embestidora, permitiendo lucir a su matador, que mostró un bien aprendido oficio y muy buenas maneras en una faena templada en la que supo administrar perfectamente la energía y combustible de su oponente, al que, además, tumbó de una eficaz estocada.
Se templó mucho con el que cerró plaza, al que presentó siempre la muleta adelantada y llevó otra vez con temple y limpieza aunque el novillo se apagó antes.
También gustó el mejicano Héctor Gutiérrez, que lanceó con gusto y torería a su primero, con cuajo y volumen y que se enceló en el caballo, donde le dieron duro. Dejó una primera faena de plantas asentadas, muy firme, luciendo al torear en redondo y aguantando luego sin inmutarse miradas y parones cuando el de Cebada cambió y comenzó a pararse a mitad de su lidia.
Volvió a gustar al torear de capa al cuarto, con el que estuvo seguro y fácil pese a que su antagonista tuvo más complicaciones, echando la cara arriba y sin apenas entrega. Tapó las deficiencias del novillo y volvió a dejar constancia de su solvencia y capacidad y mató con contundencia.
Entre ambos novilleros actuó el rejoneador Mario Pérez Langa, todo un ídolo de la afición local que se las vio con un novillo feo y desgarbado y sin demasiado empuje, dejando una actuación tan espectacular como festiva ante un público entusiasmado y entregado. Pero tuvo que echar pie a tierra para descabellar y con el estoque de cruceta perdió el premio que ya tenía ganado.









