Emilio de Justo salva la tarde en la penúltima función de la feria de Albacete.
Albacete, 16 de septiembre. Novena de feria. Casi lleno.
Cinco toros de Juan Pedro Domecq y uno, primero, de Parladé. Desiguales de presencia y justos de fuerza. El sexto fue el mejor.
Enrique Ponce (de purísima y oro), ovación y división de opiniones)
Miguel Ángel Perera (de tórtola y oro), ovación con aviso y ovación)
Emilio de Justo (de vede botella y oro), ovación y dos orejas.
De las cuadrillas destacaron Curro Javier, Jesús Arruga y Ángel Gómez.
Paco Delgado.
Hubo que esperar hasta el último toro de la tarde para que la penúltima función del abono tuviese un saldo positivo. En buena parte por el poco juego de los toros, de muy poco o nula fuerza, de Parladé y Juan Pedro Domecq. Un conjunto de muy desigual presencia, noble pero sin apenas empuje.
Aunque también hay que señalar, en el balance negativo, el poco acierto estoqueador de los espadas, que perdieron alguna que otra oreja al matar mal.
Pero salió ese sexto, que en los primeros tercios amenazó asimismo con no responder a lo que de él se esperaba, y Emilio de Justo, que, sustituyendo al lesionado Roca Rey, hizo su presentación en esta plaza, le fue dando confianza y el tratamiento adecuado. Sin forzarle, sin agobiarle, dejándole respirar, dándole la distancia precisa para que no se axfisiase al tomar la muleta, logró afianzarle y poco a poco el animal se fue yendo arriba, permitiendo que el extremeño sacase una faena de lío, toreando al natural prodigiosamente, tanto con la izquierda como con la derecha en el tramo final de un trasteo contundente que remachó con una estocada fulminante, tirándose a matar o morir.
También apuró a su noble primero, al que le faltó fuelle y con el que tras lucirse con la capa toreó con parsimonia y suavidad, con mucho temple y gusto clásico. Pero mató mal.
El segundo fue un toro bajito y menguado de energía con el que se lució la cuadrilla de MIguel Ángel Perera, que malversó con el estoque una labor paciente y en la que hubo un dominio absoluto sobre su oponente, sobre todo por el pitón derecho.
Con el quinto, flojo y blandísimo, consumió su turno en cuidar al toro, buscando que no se fuese al suelo a la menor exigencia en una muy larga actuación que no logró captar la atención de la concurrencia.
No tuvo su día Enrique Ponce, que pechó con un primer toro de Parladé áspero y a la contra, al que llevó a media altura y buscando meterle en el engaño sin que el astado respondiese, viendo frustrado su esfuerzo. El cuarto fue más soso que una lechuga y del que, pese a su mucho empeño y sobarle por una lado y por otro en un quehacer paciente y responsable, no pudo sacar nada, siendo criticado injustamente por el público.
Foto: Mercedes Rodríguez









