Miguel Ángel Perera sale a hombros y quiere que se cuente con él.
Castellón, 30 de marzo. Quinta de feria. Lleno.
Toros de Domingo Hernández, primero, quinto y sexto, y tres de Garcigrande, justos de presentación y fuerza pero nobles y manejables.
Morante de la Puebla (de rojo y oro), silencio y vuelta al ruedo con aviso.
El Juli (de tabaco y oro), ovación y ovación tras aviso.
Miguel Ángel Perera (de carmesí y oro), oreja tras aviso y oreja.
Javier Ambel saludó tras parear al sexto.
Lleno.
Paco Delgado
La quinta corrida de la feria no levantó el vuelo hasta que por toriles salió el tercer toro de la tarde, marcado con el hierro de Garcigrande, de no mucha romana pero con poder en el caballo, romaneando hasta casi derribar. Sí que se fue al suelo Miguel Ángel Perera, que al hacer un quite combinando tafalleras con saltilleras perdió pie y rodó por el albero. Se levantó y, en el mismo sitio, repitió la suerte, ahora ya sin sobresaltos.
Rodilla en tierra inició su primera faena, con pases cambiados por la espalda y una larga tanda de derechazos que encarriló una disputa en la que el de Garcigrande embestía codicioso y bravo, queriendo comerse la muleta y respondiendo el torero extremeño con entereza y plantas firmes para ir gestionando aquellas oleadas de su oponente, apretándole y bajando mucho la mano, sometiendo a un toro que al verse superado y al límite ya de sus fuerzas rechazó entonces la pelea. Una media trasera y la primera oreja al esportón.
La puerta grande se acabó abriendo para Perera al doblar el sexto, otro toro que se dejó pegar en varas y que se arrancó a la muleta de lejos. Le enganchó pronto el torero extremeño, que dejó ahora una faena con más intermitencias, basada en el pitón derecho hasta que el animal dijo basta y se plantó, rajado y terco ya en no querer saber nada de la parte contraria.
Antes Morante había dado una vuelta al ruedo tras poner al cuarto a lo s pies de las mulillas por un quehacer en el que regaló una de esas verónicas que recuerdan por mucho tiempo los aficionados. Luego se sintió inspirado, ligando los muletazos en series razonablemente largas si bien al natural ya no hubo tanta conexión entre las partes.
Con el anovillado primero, muy protestado por su poca presencia, el de La Puebla, que quedó inédito con la capa en este turno, se estiró en tal o cual muletazos pero sin hilo argumental y sin meterse nunca con el astado.
Tampoco en Castellón El Juli tuvo premio. Con su primero, muy cómodo de cabeza y justo de fuerza, anduvo embarullado y difuso.
Quiso resarcirse con el quinto, huido de salida pero con fijeza en el último tercio, firmando un trasteo de larga duración pero en el que faltó claridad y unidad, con demasiados tirones y poca limpieza en muchas fases y que fue de más a mucho menos.









