La temporada de 1979 en Valencia se abrió con un cambio en la dirección de la plaza de toros. El día 3 de Enero se hizo público que los nuevos empresarios del coso valenciano serían los integrantes de la sociedad formada por los hermanos José y Manolo Flores Camará y el matador de toros retirado Pedro Martínez Pedrés. Estos se comprometieron a pagar un canon de 45 millones y medio de pesetas por temporada para la explotación de la plaza, y nombraron como gerente a Emilio Miranda.
Para lo que iba a constituir la feria de su presentación en Valencia, presentaron un abono compuesto por seis corridas de toros, un festejo de rejones y dos novilladas picadas. Unos carteles a priori sobrados de alicientes, si bien algunos aficionados manifestaron sus quejas debido al sensible aumento que experimentaron el precio de las localidades.
Alternativas
La primera corrida de aquellas fiestas josefinas, que tuvieron como Fallera Mayor de la ciudad a Maria Luz Fos Blanco, se celebró el domingo día 11 de Marzo, con la alternativa del sevillano Emilio Muñoz. Este espada se había hecho un excelente cartel en esta plaza en su singladura como novillero, y el anuncio de su doctorado despertó una gran expectación. Vestido de blanco y oro, el jovencísimo toricantano, quien tenía dieciséis años el día de la ceremonia, cumplió con dignidad con su compromiso, aunque no pudo llegar a tocar pelo a pesar de su excelente disposición, dando la vuelta al ruedo tras despachar a Limpiador, toro de la cesión. La plaza casi se llenó para ver este doctorado, en el que ofició como padrino Francisco Rivera Paquirri, quien vestido de celeste y oro se entretuvo en cortar tres orejas tras una actuación llena de profesionalidad y raza. Y ello a pesar de haber sufrido un profundo corte en la mano derecha que necesitó varios puntos de sutura, lo que sirvió para inaugurar las obras de reacondicionamiento llevadas a cabo en la enfermería de la plaza. Completó la terna Dámaso González, quien también consiguió abrir la puerta grande tras meter dos orejas en su esportón, manteniendo su línea de regularidad en los triunfos en la plaza de toros de Valencia. Los toros de Carlos Núñez dieron un juego más que aceptable.
El niño de Pepe Luis y Ojeda
La actividad cultural de aquellos días se mostraba repleta de acontecimientos acá y acullá. Así, días antes del comienzo de la feria, la Academia de Hollywood decidió galardonar a la película Kramer contra Kramer con el Oscar a la mejor película del año, a Robert Benton como mejor director, y a dos de sus intérpretes, Dustin Hoffman y Meryl Streep como mejor actor y mejor actriz secundaria respectivamente. Por aquellos días también se estrenaron relevantes largometrajes, como Manhattan de Woody Allen y Hair, de Milos Forman, en tanto que Alfred Hitchcock fue nombrado caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II de Inglaterra. Y en el plano televisivo se estrenaron en la cadena estatal (la única existente por aquellas calendas) programas que alcanzarían un gran predicamento, como Vivir cada día y las series El Nido de Robin, Los Angeles de Charlie, Dallas y Con ocho basta. Y Jesús Fernández Santos obtuvo el Premio Nacional de Novela por su obra Extramuros.
El lunes 12 de marzo continuó la feria con la celebración de un festejo de rejones, en el que lo más destacado de la fría tarde corrió a cargo de Manuel Vidrié, soberbio en la monta y siempre ortodoxo clavando los hierros. Cortó dos orejas y fue paseado a hombros por el ruedo. Otro apéndice fue a manos del portugués Paolo Caetano, quien sustituyó al lesionado Alvaro Domecq. Cumplió con dignidad. El también portugués Joao Moura se fue de vacío, aunque ello fue por mor de sus desaciertos con las armas toricidas, ya que el llamado Niño Moura cumplimentó una actuación presidida por la majeza en la monta, la pureza en la interpretación de las suertes, el temple y la torería. Completó el cuarteto de jinetes el siempre espectacular y temperamental Antonio Ignacio Vargas, quien no pasó de la discreción. Los lustrosos toros de El Campillo se dejaron y colaboraron a que el espectáculo resultara lucido.
El martes 13 se anunciaba la primera de las dos novilladas del abono, con un cartel sobrado de alicientes y repleto de novedades para el aficionado. Por un lado se presentaba el nuevo fenómeno de la novillería, un coletudo sanluqueño ya veterano y quien de la mano de la casa Camará tenía revolucionado al llamado Rincón del Sur. Precedido de una amplia campaña mediática hizo el paseíllo en Valencia este Paco Ojeda, quien no pasó de la discreción en esta tarde de su debut. Toscote, grandón de hechuras y algo ayuno de técnica sorprendió, eso sí, por la cercanía de los terrenos que pisaba y lo muy asentado y firme que toreaba.
Otro debut fue el de un torero de dinastía, el hijo de Pepe Luis Vázquez. Menudo de estatura, con aspecto de ser muy poquita cosa y vestido con un añejo terno grana y oro que había pertenecido a su ilustre progenitor, este Pepe Luis sorprendió con una actuación plena de gracia y pinturería, con un toreo de duende y sabor adornado con retazos de extraordinaria torería. Su balance fue de sendas vueltas al ruedo, pero dejó el albero valenciano sembrado de aromas de gusto, de busilis y similitruqui. La terna la encabezó un ya muy puesto y sobrado de oficio Juan Antonio Ruiz Espartaco, a quien se le vio ya preparado para su salto al escalafón superior ante un muy manejable encierro del Marqués de Domecq. Al día siguiente repitió actuación Paco Ojeda en la segunda novillada del abono, y en esta ocasión el sanluqueño mejoró la impresión causada el día anterior, e incluso fue capaz de llevarse un trofeo ante un buen y encastado lote de Torrestrella. Otro trofeo fue a parar a manos de Luciano Núñez, técnico y profesional en tanto que Manuel Rodríguez El Mangui, otro de los novilleros de moda del momento, no consiguió pasar de la discreción.
Teruel triunfa
Otra alternativa se anunciaba para el jueves 15 de Marzo. En esta ocasión se trataba de la del novillero valenciano Manolo Sales, quien había cumplimentado una más que interesante singladura en el escalafón novilleril. Auxiliado por el maestro Enrique Bernedo Bojilla, quien actuó en su cuadrilla aquella tarde, Manolo fue capaz de cortar dos orejas del toro de la ceremonia, que le había sido cedido por Palomo Linares. Este a su vez saldó su actuación con el corte de una oreja. Y dos fueron a parar a manos de Angel Teruel, quien ejerció como testigo de aquel doctorado y gustó por su compostura, soltura y oficio. Los toros de Fermín Bohórquez cumplieron.
Poca historia tuvo el festejo del día siguiente, en el que la única oreja de la tarde fue la que se concedió a Pedro Moya Niño de la Capea, tras una labor tan vistosa como vibrante, realizada ante un notable ejemplar de Manolo González. Sus compañeros de terna fueron un abúlico José María Manzanares y un compuesto aunque algo superficial Roberto Domínguez.
Una gran entrada registraron los tendidos del coso valenciano el día 17 de Marzo. Se lidió un encierro de Álvaro Domecq, que ofreció un excelente juego. Frente a él, Ángel Teruel revalidó el éxito alcanzado dos días antes y se llevó un total de tres orejas, poniendo de manifiesto el excelente momento que atravesaba el espada madrileño. Reposado, técnico, profesional e incluso por instantes majestuoso, se mostró en plena sazón. También revalidó el triunfo obtenido en el festejo de apertura del abono Francisco Rivera Paquirri, poderoso y espectacular en los tres tercios, y una oreja se llevó el magisterio de Santiago Martín El Viti.
Epílogo sangriento
Los comienzos de la primavera de aquel año 1979 fueron marco de un gran número de acontecimientos. Por aquellos días se legalizó la existencia de la masonería en España y llegaban a los escaparates de las jugueterías las primeras muñecas Barbie. En otro orden de cosas, Estados Unidos y China acordaron establecer relaciones diplomáticas, el Sha de Persia era derrocado asumiendo el poder el ayatollah Ruollah Jomeini y tropas chinas atraviesan la frontera con Vietnam. Por su parte, los Estados Unidos comenzaban a retirar su armamento nuclear de España y tropas de Tanzania ayudaron a que la oposición ugandesa pudiese derrocar a Idi Amín Dada.
Asimismo, China Popular era aceptada en el Comité Olímpico Internacional y Margaret Thatcher se convertía en la primera mujer en desempeñar el cargo de primer ministro de Gran Bretaña. El Frente Sandinista de Liberación Nacional asumió el poder en Nicaragua después de derrocar a Anastasio Somoza, el Ejército Republicano Irlandés (IRA) asesinó a Lord Mountbatten y tropas soviéticas invadieron Afganistán.
Un lleno total registraron los tendidos el domingo día 18 de Marzo, fecha en la que se lidió un terciado encierro de Juan Pedro Domecq, muy blando y descastado, frente al que únicamente pudo cortar una oreja Emilio Muñoz, quien resultó espectacularmente volteado sin consecuencias. Su entrega y excelente actitud se sobrepuso a las circunstancias en una tarde deslucida. Sus compañeros de terna aquel día fueron Palomo Linares y José María Manzanares, quienes pasaron de puntillas por el centenario coso valenciano, con mucha pena y escasa gloria.
Una grave cornada sufrió Ricardo de Fabra el día 19 de Marzo, día del santo Patrón en el que se ponía punto y final a la feria. Aquel día se volvieron a llenar los tendidos de la plaza de toros de Valencia. El coletudo torrentí, tras haber cortado una oreja del toro de Maribel Ibarra que abrió plaza, fue corneado cuando abría la faena del cuarto de la tarde sentado en el estribo, que le cogió e hirió de gravedad en el muslo derecho. Dámaso González, por su parte, volvió a abrir la puerta grande tras cortar dos orejas y el Niño de la capea no pudo pasar de mostrarse voluntarioso. Y a destacar el excelente tercio de banderillas protagonizado por los subalternos valencianos Francisco Honrubia y Eliseo Capilla, quienes hubieron de saludar montera en mano para corresponder a las ovaciones del público.









