Después de la intervención quirúrgica practicada por el doctor Serra al diestro, madrileño de nacimiento y valenciano de adopción, extendió el siguiente parte facultativo: “Manolo Cortés presenta una herida inciso contusa, producida por asta de toro, de 20 centímetros de extensión superficial, en la cara anterointerna del tercio superior del muslo izquierdo a nivel de la base del triángulo de scarpa, de trayecto ascendente, de 15 centímetros y dirección hacia adentro y fuera, que interesa la piel, tejido celular, aponeurosis y músculos recto interno, abductores y sartorio, con sección completa de la safena interna, vena femoral y rasgaduras y perforación de la arteria femoral, con hemotasia provisional completa por la constricción de un tubo de goma en la región inguinal. Pronóstico gravísimo. Se teme un funesto desenlace.”
A las diez de la mañana se le practicó una transfusión de sangre. Se le aplicaron caloríferos y le administraron los Santos Sacramentos.
En la referida clínica su estado seguía siendo de extrema gravedad y hubo necesidad de amputarle la pierna izquierda. Vencida, en parte, la crisis provocada por esa amputación se confiaba en poder salvarle la vida. No fue así pues el óbito le sobrevino a consecuencia de un colapso, precisamente después de haber injerido algunos alimentos.









