Llovía en casi toda España, menos en mi pueblo de la provincia de Alicante. Tampoco Madrid se escapaba. Varias horas de la mañana jarreando. Por la tarde, unas horas de tregua, pero cuando se aproximaban las siete de la tarde otra vez a diluviar. Se impone la sensatez y el presidente con muy buen criterio reúne a los toreros en la Sala de Toreros y estos deciden comprobar el estado del ruedo.
Lo hacen todos. Varios miembros de las cuadrillas chapotean en el barro con fuerza y dejan más huellas que cuando Armstrong pisó por primera vez la Luna.
El ruedo está impracticable. Hay charcos de agua por doquier, el drenaje en Las Ventas deja mucho que desear. Mas tarde el gerente Nacho Lloret explicaría porque no se puso la lona.
Lo toreros y la autoridad regresan a la Sala, para seguir deliberando. Se impone la sensatez y el buen juicio. Es una temeridad, sobre todo para aquellos que además tengan que banderillear, correr ante el toro con ese barrizal es exponerse a lo peor. Se toman en cuenta todas las opiniones, Finalmente el presidente como es preceptivo decide. Se suspende la corrida.
El equipo de Movistar encargado de retransmitir el festejo por TV, hace notar que, en los tendidos se hallan un elevado número de aficionados franceses, llegados en autobuses desde la ciudad de Mont de Marsan, para apoyar a “su” torero Thomas Duffau, Calculan que pueden ser unos 700. Cuando por megafonía se anuncia la suspensión los galos no ocultan su contrariedad, después del largo viaje,
Algunos, no muchos, dicha sea la verdad, lanzan como protesta, almohadillas al ruedo. La lluvia, aunque muy fina sigue cayendo…
Entrevistan a los toreros. Algunos confiesan que la empresa tendrá en cuenta esta circunstancia y consciente de que para la terna, esta corrida suponía una ocasión de oro para sus carreras profesionales, sopesan la posibilidad de ofrecerles una nueva oportunidad. Laus Deo
Y termino solidarizándome con mi admirado Ricardo Díaz Manresa, que en estas mismas páginas ha escrito con meridiana claridad, los avatares por los que está pasando, no sólo los aficionados madrileños, sino el público de Madrid, que habitualmente llenaba la plaza de Las Ventas. Público. Aficionados. Empresa. Toreros, y el largo etcétera que ustedes deseen.
Oh, tempora, Oh, mores.








