Con Ricardo nos acompañaron Paco Villaverde, escritor, poeta, y unas cuantas cosas más, conocedor del mundo taurino, no en balde es hijo de uno de los cómicos más celebrados en la propia tauromaquia: Don Canuto. Y también un compatriota del Canyamelar, Pep Aledón, historiador, conocedor como pocos de la historia de Valencia y sus circunstancias. Un libro, un caudal de conocimientos que los amigos disfrutamos. Pues bien, con Ricardo rememoramos tiempos aquellos, cuando de novillero, cuando de matador; de sus compañeros, de sus amigos dentro y fuera del ruedo, de aquellas tertulias con los viejos toreros valencianos que tanto, a veces, nos cuesta honrar en la memoria. Ricardo pertenece a esa época del toreo en que Valencia no parecía arrancar con personalidad dentro de la tauromaquia. Pero con el paso del tiempo, y sin él también, la memoria nos retrae a recordar y refleionar sobre un torero que marcó su propia época dentro de la tauromaquia valenciana. Lo he dicho y repito: Ricardo de Fabra es el antecedente de lo que luego, al cabo de los años, se convirtió en el sorismo. El Soro trajo la gente de la huerta; Fabra, años antes, trajo la gente de los pueblos satélites a la capital. Dos historia diferentes, pero con sus reminiscencias similares.
Aquellas Fallas del 68, a punto de estallar la revolución del mayo inminente, fueron muy especiales para algunos de los adolescentes de aquella época. Por muchos y varios motivos. Los mediodías eran la vorágine de una carrera a destajo desde la calle Caballeros, donde estudiaba en la en su día famosa Academia Martí, hasta la entonces Plaza del Caudillo -así se llamaba, yo no le puse el nombre-, para presenciar la mascletà de turno. Era el primer rito fallero del día. Luego cada uno elegía su destino para el resto de la jornada. La calle Caballeros fue, en su momento, la zona aristocrática de la ciudad. Las casas más señoriales se encontraban allí y todavía se puede contemplar alguna que han sobrevivido a los tiempos. Precisamente en uno de aquellos palacios se ubicaba la Academia Martí, donde algunos nos hicimos “mayores” y donde estudiamos aquellos cursos de quinto, sexto de bachiller y el correspondiente Preuniversitario. Fueron los años en torno a la reforma de la plaza de toros. Hace 50 años. Y aunque parece que fue ayer, lo cierto es que fue hace medio siglo ya.
Por cierto, la cremà se ha adelantado tres días. Ayer, un joven peruano incendió la plaza de toros. Espero que, en lo que resta de Feria, no queden solo las cenizas de la tarde de ayer. Salut!!!









