Entrega por supuesto, profundidad por favor. Artículo de Carlos Bueno

En el toreo, como en la vida, la actitud es importante, pero no debe serlo todo. Siempre que sea posible el torero debe torear y no quedarse en las formas, ha de ser el dueño de la situación que primero domina y luego se abandona a la expresión artística. Porque torear es mandar en las embestidas para llevarlas largas y por abajo, eso que se llama profundidad y que pone a todos de acuerdo.

 

 

 

Acaba de terminar la Feria de Julio de Valencia, sensiblemente más corta de lo que fue en su época de esplendor pero con cabida para matadores en todo tipo de situaciones profesionales. Se anunciaron figuras consagradas, jóvenes valores, toreros con todo resuelto y quienes sólo tenían esa oportunidad para aferrarse a la ilusión de continuar esperanzados. A todos les unía, entre otras muchas cosas, la preocupación anterior a la corrida. Miedos, desvelos, inseguridades, inquietud, nerviosismo, ansiedad… paseaban por sus cabezas antes de hacer el paseíllo, seguro. Como es lógico, unos lo llevan mejor y otros peor, pero al albero todos salieron con una evidente predisposición y una entrega fuera de cualquier duda. Es así como debe ser, porque el respetable que paga su entrada no tiene porqué saber las circunstancias personales que cada torero atraviesa y lo que quiere son resultados.

 

Es curioso esto de la tauromaquia. Una vez se toma la alternativa, y salvo en lo concerniente al caché, no hay diferentes divisiones en las que se compita según el bagaje de cada uno. El toro sale con más boyantía o peores intenciones sin tener en cuenta el oficio de quién se pone delante, y éste debe resolver con el mismo acierto sea una figura máxima o uno que hace su primer paseíllo. Es duro pero es así, y la recién concluida feria valenciana, en ocasiones, ha validado la entrega por encima del resultado artístico para premiar a los actuantes, a unos y otros, a los consagrados y los más neófitos.

 

Es lo que impera en nuestra sociedad actual. No cabe el aburrimiento ni las excusas. Inmediatez, capacidad de resolución, clarividencia, disposición total, ritmo. Creo que es muy positivo que nadie se parapete en la falta de virtudes de sus antagonistas cuando el éxito no es posible y que, por el contrario, se busque todo tipo de soluciones cuando el toro no ofrece bondades. Al fin y al cabo el torero debe seguir conservando la condición de héroe que vence a la fiera.

 

Eso sí, la actitud es importante, pero no debe serlo todo. Cuando sea posible el torero debe torear y no quedarse en las formas, ha de ser el dueño de la situación que primero domina y luego se abandona a la expresión artística. Porque torear es mandar en las embestidas para llevarlas largas y por abajo, eso que se llama profundidad y que pone a todos de acuerdo.

 

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».

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