Corazón bravo, nueva opinión de Paco Delgado

Si por bravura entendemos todo aquel acto de valentía o determinación  para afrontar situaciones complicadas, qué duda cabe que es término  que  se puede aplicar perfectamente a personas, aunque en este  nuestro entorno y ambiente se asimile siempre, o casi siempre, a la  condición ideal del toro de lidia. Bravura se aplica, pues, al hombre  y a los animales, y equivale muchas veces a valor, esfuerzo o arrojo.

Definido el término y fijados su ámbito y alcance, parece claro que  se puede usar para adjetivar el comportamiento que a lo largo de los  últimos meses ha tenido Francisco José Palazón, un torero clásico,  elegante y artista que también puede presumir de corazón bravo y  fuerza de voluntad para salir adelante en uno de los momentos mas  complicado de su vida.

Y es que el torero alicantino ha tenido que lidiar con uno de los  oponentes más duros y peligrosos que imaginarse pueda: el cáncer, un  marrajo avisado y pregonado, que tira continuos hachazos y busca la  femoral. Y al que, para vencerle, además de saber lidiarlo a tiempo,  es imprescindible tener un valor incalculable para no perderle la  cara y plantarle batalla a pie firme, sin acongojarse y luchando a  brazo partido contra él.

A cara de perro.

Así lo ha hecho Palazón, que como persona también se ha revelado  extraordinario y que parece haber superado tan duro trance y a quien  ahora homenajea el Club Taurino de Alicante con toda justicia y  dándole todo el cariño que no siempre -más bien al contrario…- le han  demostrado las empresas.

Fino estilista y dotado de una clase excepcional, dio un auténtico  zambombazo el día que, precisamente, tomó la alternativa, un ya  lejano 24 de junio de 2004, bordando un actuación sensacional y  portentosa ante toros de Daniel Ruiz y con la que borró del ruedo a  su padrino y testigo de aquella ceremonia, los Manzanares, padre e  hijo. Pero, lo que son las cosas, aquella explosión, aquel triunfo  tan contundente y legítimo, no le sirvió para que aumentasen sus  contratos o se le abriesen las puertas de ferias y plazas, sino para  todo lo contrario.

Sabe por tanto lo que es la adversidad y la injusticia, y sabe,  también, no aflojar, no desmoralizarse y seguir trabajando, luchando  y trabajando para, como aquel junco del cuento, doblarse cuando el  viento sopla fuerte y volver a lucir erguido tras hable superado la  tormenta.

Ahora, como bien nos enseñó Tales de Mileto, uno de los llamados  Siete Sabios de Grecia, sabe que la felicidad del cuerpo se funda en  la salud; la del entendimiento, en el saber. Pero esto lo tiene bien  aprendido y lo entrena a diario, por si acaso.

El de Petrel acaba de ganar otra batalla, la de la salud, puede que  la más importante de cuantas a diario libramos, y ahora se prepara  para, de una vez por todas, demostrar, otra vez, de lo que es capaz  en el ruedo. Porque en la vida ya lo ha dejado bien claro.

Es todo un tío y con el corazón bravo.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…