Hoy ha fallecido, en su finca extremeña de Monteviejo y a los 88 años, Victorino Martín Andrés, que no ha podido superar las consecuencias del ictus sufrido hace unos días.
El ya legendario ganadero es uno de los nombres clave en la historia de la tauromaquia. Nacido el 6 de marzo de 1929 en el antiguo estanco de Galapagar, Madrid, estudió en el colegio de los Hermanos Maristas de la calle Fuencarral de Madrid y en el colegio Alfonso XIII de los Agustinos en El Escorial. Pero los estudios no eran lo suyo y dos meses después abandonó las clases para dedicarse de lleno a ayudar en los negocios familiares.
En 1945, con 16 años se hizo cargo de la carnicería de su tío Mateo en Torrelodones y poco después abrió junto con sus hermanos dos carnicerías más en el mismo pueblo. Un negocio redondo sustentado por los veraneantes de Madrid. Allí comenzaron sus tratos en ganado para abastecer las carnicerías. Con parte del ganado morucho que compraron comenzaron a dar espectáculos, primero en Moralzarzal y después por los pueblos de las provincias de Madrid y las dos Castillas.
En 1953, junto a sus hermanos Adolfo y Venancio inscribió en la Asociación de Ganaderos de Reses de Lidia el hierro de la V con el que la familia había herrado todas las reses moruchas desde tiempos del abuelo Venancio. La ganadería se inscribe a nombre de Adolfo Martín Andrés. Prosiguieron las compras y ventas de reses y ganaderías, entre ellas las de Higuero, Amelia y Alberto Higuero o Gandarias. Esta última fue adquirida en asociación con Manuel García Aleas, nombre ilustre de la ganadería brava, que a la postre sería un entrañable amigo de Victorino y que durante muchos años fue el secretario de la Unión de Criadores de Toros de Lidia.
El 18 de agosto de 1960, en compañía de sus hermanos, Victorino Martín adquiere el primer lote de la ganadería de los hermanos Escudero Calvo, que perteneciera a José Bueno y, antes, al marqués de Albaserrada, con el que lidian su primer festejo, en Zaragoza. Fue una novillada, el domingo 30 de abril de 1961, con Palmeño, Manolín Herrero y Emilio Oliva en el cartel. En abril de 1962 los hermanos Martín Andrés adquieren el segundo lote de la ganadería de Escudero Calvo, el correspondiente a Josefa Escudero, compuesto por 150 hembras y un semental de nombre Barquillero.
El 19 de junio de 1965 los toros de Victorino pisan por primera vez el albero de Las Ventas, en Madrid. Fue una novillada en la que El Inclusero cortó las dos orejas de uno de sus novillos. Torearon también ese día José María Sussoni y El Pepe. El 23 de diciembre de aquel año adquieren la tercera y última parte de la ganadería de Escudero Calvo a Antonio Escudero, y junto a las reses, la finca Monteviejo en Cáceres.
El 29 de junio de 1967 lidia la primera corrida a nombre de Victorino Martín en la plaza cántabra de Castro Urdiales y, el 18 de agosto de 1969, lidia la primera corrida a su nombre en Las Ventas. Torearon esa tarde Pepe Osuna, Adolfo Rojas y El Paquiro, que resultó cogido por su primero. La corrida, en conjunto, tomó 23 puyazos.
A partir de ese momento su fama y prestigio crecen. Y más todavía cuando el 1 de junio de 1982 se lidian sus toros en la corrida celebrada en Madrid, con Televisión Española en directo, la que se ha llamado la corrida del siglo. El ganadero salió a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas junto a los tres matadores, Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar tras cortar dos orejas cada uno. El cuarto toro, Director, fue premiado con la vuelta al ruedo y el primero, Pobretón, premiado como el más completo de la Feria de San Isidro. Y poco más tarde, el 19 de julio, Belador, cárdeno, marcado con el número 121, fue indultado en la corrida concurso de ganaderías celebrada en la corrida de la Prensa, también en Las Ventas. Fue lidiado por Ortega Cano y es el único toro indultado en la Monumental. madrielña. Victorino era ya el ganadero más famoso, popular y polémico de la Fiesta. También, el que más dinero comenzó a pedir por sus productos.
A finales de 1987 se incorporó a pleno trabajo en la ganadería Victorino Martín García, licenciado en veterinaria y responsable de la misma durante los últimos meses.
Entre otros muchos premios y distinciones, había sido galardonado con la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo, el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrido el Premio Nacional de Tauromaquia que había recogido hace unos días de manos de Felipe VI.










