Cuando uno ya está hasta la coronilla de escuchar y oír hablar, ya hasta la náusea de tanto procés, o prusés, o como se diga, en vísperas del 1–O y para quitarse las telarañas de lo que llevamos del monotema (y lo que queda), bueno es traer a la palestra, como un desahogo o divertimento, una referencia a la presencia de la tauromaquia en Cataluña. Una tauromaquia a la que ya se procesó y condenó en su momento, de modo unilateral y de modo caciquil y resentida. Sin referéndum ni nada que se le pareciera.
Y es que el toreo tiene una histórica tradición en una comunidad que ha sido y continúa siendo cuna de destacadas figuras del toreo y con gran arraigo de ganaderías y peñas taurinas. Pintores catalanes de la talla de Joan Miró, Salvador Dalí y Mariano Fortuny, y más tarde otros como Miquel Barceló plasmaron en sus obras maravillosas imágenes de una tauromaquia que han borrado del mapa en aquella comunidad con burdos brochazos y peregrinos argumentos.
Y es que los aficionados a los toros en Cataluña deben emular aquellas excursiones a Perpiñán que, a primeros de los setenta, se organizaban para ver películas como El último tango en París ó Emmanuelle. Unos aficionados, los catalanes, quienes deben cruzan los Pirineos para acudir a festejos taurinos que tienen lugar en plazas fronterizas, en la por algunos denominada Cataluña del norte, como las de Ceret, Bourg-Madame y Colliure. En la primera de ellas, las senyeras adornan los tendidos de un coso en el que areneros, mulilleros y personal de servicio lucen además la típica barretina. Antes del comienzo de los festejos se canta Els Segaors y los catalanes y catalanistas aficionados, que son legión, disfrutan del espectáculo sin ningún tipo de complejos.
Una ciudad con tres plazas
En Barcelona los festejos se remontan al año 1387 cuando la Plaza del Rey fue marco de unas celebraciones taurinas en honor del rey Juan I. Hoy, el único recinto taurino que todavía está abierto en Cataluña es la Monumental de Barcelona. Conocida en su momento como El Sport, fue inaugurada en 1914 por Vicente Pastor, Manuel Mejías Bienvenida, Vázquez y Torquito. De estilo mudéjar y bizantino, y con un aforo cercano a las 20.000 localidades, está situada en la confluencia de la Gran Vía y la calle Marina, en el Ensanche. Ha sido una plaza con una intensa e importante actividad a lo largo de su larga historia. Manuel Rodríguez Manolete fue un ídolo de la misma en los años cuarenta, al igual que lo fue en sus últimos tiempos José Tomás. En ella tomaron la alternativa, entre otros muchos, figuras del toreo como Ignacio Sánchez Mejías, el matador valenciano Aurelio Puchol Morenito de Valencia, Victoriano Valencia, suegro de Enrique Ponce, César Girón, Paquirri o el desaparecido Julio Robles.
También funcionó en Barcelona, y simultáneamente con la Monumental, la plaza de Las Arenas, ésta situada junto al recinto ferial, en la misma plaza de España. Inaugurada el 29 de junio de 1900 por Luis Mazzantini y con capacidad para 14.893 espectadores, cerró sus puertas en 1977. Y hubo antes otra, la llamada plaza de El Torín, construida en 1834 en el barrio de La Barceloneta. Y en la provincia programaron festejos con frecuencia recintos en Hospitalet de Llobregat, Manresa, Martorell, Masnou, Manlleu, Cornellá, Ripollet, Rubí, Montcada i Reixach, Vich, Tarrasa, Vilafranca, Vendrell, Viladecans, Vilanova y Geltrú e incluso una de mampostería que se encontraba en el complejo Isla Fantasía, en el término municipal de Mataró, donde dio sus primeros pasos en la fiesta Finito de Córdoba.
En el resto de Cataluña también existieron numerosos e importantes cosos, hoy desaparecidos o cerrados a la actividad. Así, el de Tarragona, donde se dejaron de dar festejos en 2006 y ahora destinado a espacio lúdico tras ser cubierto. En él tomó la alternativa del matador de toros valenciano Gregorio de Jesús, hoy ganadero y propietario del que fue célebre toro Ratón. Tortosa también contó con plaza de toros.
En Gerona, donde los festejos taurinos se remontan al año 1715, se inauguró su plaza el 29 de octubre de1897 con Luis Mazzanitini y Nicanor Villa Villita en cartel. En la misma, en el año 1950, se filmaron escenas de la película Pandora y el holandés errante interpretada por Ava Gardner y el torero catalán Mario Cabré. En esta provincia, tal como refleja el que fuera banderillero Raúl Felices en su magnífico libro Catalunya Taurina, editado por Bellaterra, también funcionaron con asiduidad gran número de plazas. Como la de Figueres, inaugurada en 1894 por el legendario Manuel García El Espartero. Más tarde, y aprovechando el boom turístico de la época, la de San Feliu de Guixols abrió sus puertas en 1956, con un aforo de 6.000 localidades y gozó de una intensa actividad. También el turismo llenó las gradas de la plaza de Lloret de Mar, abierta en 1962 y con capacidad para 3.500 espectadores. Y en 1859 había comenzado su andadura la plaza de Olot. Existieron otras desmontables que desaparecieron, ya que una orden de 1983 ordenó el cierre de las mismas, como las de Tossa de Mar o Puigcerdà.
Matadores
Cataluña también ha sido cuna de muy destacadas figuras de la tauromaquia. Tras el pionero de los espadas de alternativa catalanes, Pedro Aixelá Peroy, nacido en la localidad tarraconense de Torredembarra y doctorado en 1864, hay que citar al leridano Eugenio Veltondrá, al médico y torero José Rovirosa; al poeta, actor y matador Mario Cabré; a Joaquín Bernadó, nacido en Santa Coloma de Gramanet; a los hermanos Carlos y Francisco Corpas, José María Clavel, Abelardo Vergara, Luis Barceló o Enrique Patón, quien fue empresario de plazas como Valencia, Castellón, Alicante, Vinaròs, Zaragoza y Nimes entre otras. Y otros matadores como Manolo Martín, también licenciado en magisterio y que en su momento fue apoderado de Vicente Barrera. O a Aguilar Granada, Marcos Valverde, Angel Lería o Manolo Porcel. Y más adelante citar a matadores de toros nacidos ó vinculados muy estrechamente con Cataluña: Finito de Córdoba, quien nació en Sabadell, Lima de Estepona, Antonio Barrera, Miguel Angel, Rubén Marín, Alfonso Casado y Andrés Palacios, Serafín Marín, Raúl Cuadrado, Jiménez Caballero, Enrique Guillén y Mamerto López Díaz, entre otros.
Asimismo en Cataluña se encuentran censadas hasta cuatro ganaderías de toros bravos. Estas son las de Hijas de Andrés Moreno, sita en el término municipal gerundense de Camprodón; la de José Mur, en la localidad tarraconense de Alfara de Carles; la de Rogelio Martí, en el término de Alfara de Carles, Tarragona y la de Pedro Fumadó, en Deltebre.
Por otra parte, y como muestra de la vitalidad que tiene la fiesta de los toros en esta comunidad autónoma, existe una Federación Taurina de Cataluña en la que están censadas cerca de una treintena de peñas y clubs taurinos a lo largo y ancho de sus cuatro provincias. Entre ellos, el decano de los mismos, como Los de Gallito y Belmonte así como el Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida. Luego existen peñas y clubs taurinos tanto en Barcelona como en El Prat de Llobregat, Sant Boi, Hospitalet, Manlleu, Lleida, Tarragona, Lloret de Mar y Reus entre otros.
Existía además una Escola Taurina de Catalunya, que comenzó su andadura en el año 1998 y que obtuvo su legalización definitiva por parte de la Generalitat en el año 2006. Su sede estaba en Hospitalet de Llobregat y formaba parte de la Federación Internacional de Escuelas Taurinas. De la misma surgieron cinco matadores de toros y en estos momentos está hermanada con la Escuela Taurina de Nimes.
Foto-. La plaza de Las Arenas, en la actualidad.









