La paciencia que el toreo ha perdido. Artículo de Carlos Bueno

La inmediatez se ha impuesto en una Tauromaquia cada vez más pendiente de las figuras y menos dispuesta a conceder tiempo a quienes necesitan madurar. Jóvenes con méritos y condiciones ven cómo se cierran las puertas víctimas de un sistema que olvida que las grandes carreras también se construyen con paciencia, confianza y oportunidades.

 

 

Hubo un tiempo en que la Tauromaquia sabía esperar. En que las promesas tenían margen para crecer, los tropiezos no dictaban sentencias definitivas y los toreros podían hacerse poco a poco, al compás de sus condiciones y circunstancias. Hoy, sin embargo, impera la inmediatez, se exige triunfar a la primera y se condena al olvido a quienes no responden de inmediato a las expectativas.

 

Nadie nace enseñado. El aprendizaje necesita tiempo, la madurez exige experiencias y el oficio también se construye a partir de los errores. La historia taurina está llena de toreros que necesitaron margen para alcanzar su dimensión. Si se les hubiera juzgado únicamente por sus primeros pasos, muchos nunca habrían llegado a ocupar el lugar que conquistaron.

 

Pero ahora parece que un mal resultado pesa más que una trayectoria, que un tropiezo borra los méritos acumulados y que la confianza empresarial desaparece al primer fallo. Lo que ayer era una promesa ilusionante se convierte hoy en un nombre condenado a esperar una oportunidad que quizá nunca llegue.

 

Ahí están Nek Romero y Javier Zulueta, que protagonizaron extensas campañas como novilleros despertando grandes expectativas. También Diego García, Álvaro Alarcón, Alejandro Chicharro o Ángel Téllez, triunfadores en Madrid; Francisco de Manuel o Sergio Rodríguez, ganadores de la Copa Chenel; o Jorge Martínez, Alejandro Peñaranda y Daniel Crespo, toreros que hicieron méritos suficientes para creer en sus posibilidades. Todos ellos, y muchos más, se las ven y se las desean para encontrar sitio en las ferias.

 

Una cosa es exigir y otra negar el tiempo necesario para consolidar una carrera; porque nadie pasa de ser bueno a ser malo de un día para otro. Quizá el problema resida en un modelo empresarial que se centra en los nombres consagrados y en los valores seguros de taquilla. Quizá también influya el peso de determinados apoderamientos y la dificultad de abrirse paso en estructuras donde las oportunidades no siempre parecen depender exclusivamente de los méritos.

 

El resultado es que demasiados jóvenes con argumentos para interesar al público se quedan fuera de los carteles. Y eso perjudica a los toreros, que ven cerrarse su horizonte profesional; a los aficionados, que pierden la oportunidad de descubrir nuevos valores; y a la propia Tauromaquia, que necesita renovar sus alicientes y despertar ilusiones.

 

Acaba de tomar la alternativa El Mene, al que muchos auguran un futuro prometedor. Pronto sabremos si encuentra el margen de confianza que necesita cualquier matador que empieza o si se le exige triunfar tarde tras tarde como si fuera una figura consagrada.

 

La Fiesta necesita competencia, variedad y oportunidades para que el escalafón no se convierta en un círculo cerrado donde siempre se repiten los mismos nombres. Las prisas nunca fueron buenas, y quizá menos en el toreo, donde el oficio, la personalidad y la madurez no se fabrican por encargo. Quizá algunos de los toreros que hoy esperan una oportunidad sean las figuras que mañana llenen las plazas. Pero, para descubrirlo, primero hay que darles tiempo para hacerse.

Nació en Algemesí (Valencia) en 1968.

Director y presentador de programa taurino “El Corro” de Berca TV, Televisión de Algemesí, desde 1996.

Director y presentador del programa taurino “Patio de Cuadrillas” desde su creación en 2002, pasando por LP Radio, Punto Radio, Gestiona Radio e Intereconomía Radio.

Articulista de la revista “Avance Taurino” desde 1998.

Redactor del semanario taurino “Aplausos” desde junio de 2004 hasta agosto de 2005 y director del periódico “La Veu d’Algemesí”.

Ha escrito los libros «Luis Francisco Esplá, toreador», «Plaza de toros de Algemesí» y «Sueños de gloria».