Torero en la calle

El pasado domingo, 13 de septiembre, nos dejó, físicamente: en nuestra memoria y recuerdo estará para siempre, Luis Álvarez, novillero en su día, experto en publicidad y relaciones públicas, empresario, apoderado de toreros, enamorado de la fiesta taurina y todo lo que la rodea y, por encima de cualquier otra consideración, una persona afabilísma, que se desvivía por  los suyos.

Por circunstancias y caprichos de la vida nació en Tánger, entonces, 1935, protectorado español, donde su padre, sevillano, era practicante y ejercía en su domicilio de la calle Méjico, número 39. Allí, además de ir a clase al Liceo Francés, acudía a la entonces en funcionamiento escuela taurina local, no en vano su pasión por los toros ya era notoria y desde bien pequeño jugaba al toro en la calle con quien luego sería uno de sus hombres de confianza y amigo del alma hasta su último aliento, Curro Álvarez, uno de los grandes banderilleros de los que hemos disfrutado.
También en Tánger comenzó a torear en serio y ya en junio de 1952 torea en un festival y en varios festejos posteriores. También lo hizo en Ceuta, que nunca ha sido plaza marroquí, y de allí viajó a la península para, en tren, llegar a Madrid -donde se instaló en una pensión de la calle Victoria- para dar impulso a su carrera taurina. No lo tuvo fácil y en el diario que llevaba por entonces anotaba entradas así: hoy no como; hoy he tenido que dejar la habitación porque no tengo dinero para pagar… pero se buscó la vida y se puso a vender libros a domicilio. Y, por fin, a torear. Lo hizo en plazas de los alrededores de Madrid. Toreó con cierta frecuencia en San Sebastián de los Reyes y Vista Alegre y hasta se presentó en Las Ventas, el 4 de septiembre de 1960, con ganado de Escolar y completando el cartel José Morán “Facultades”y José María Montilla.
Por aquel entonces conoció al ganadero jienense Juan Garrido, quien lo tomó bajo su protección y le regaló una medalla con la imagen de la Virgen de la Estrella que le salvaría la vida, pues toreando en Valladolid un toro le dio una cornada en el cuello, no llegando a la yugular al parar la medalla el pitón. De ahí su devoción por esta Virgen.
Ya casado, la tensión y preocupación  que su profesión causaba en su mujer le provocó varios abortos y que su primera hija falleciese al poco de nacer, por lo que tomó la decisión, dura y difícil para él, de dejar los ruedos. Quizá influido por su etapa de vendedor a puerta fría, se puso a estudiar Publicidad y Marketing y acabó dirigiendo la publicación Autorevista, del Grupo Yébenes.
Tampoco abandonó el toreo, llevando plazas como San Sebastián de los Reyes o Illescas hasta formar parte del equipo de Manolo Chopera que dirigía la plaza de Las Ventas, que con ellos pasó de tener 4.000 abonados a 14.000 y de celebrar 40 festejos al año dar 70. Él fue el inventor del programa de mano presente hoy en todas las plazas y responsable de que la publicidad entrase en la fiesta. Llevó luego la plaza de Valencia, donde la cosa no acabó bien, y alcanzó un gran momento de gloria cuando logró que los toros volviesen a La Coruña. Como apoderado lo fue de Salvador Farelo y Bartolomé Sánchez “Simón”, los primeros, Morenito de Maracay, a quien bautizó como “el rey del quiebro” y puso en circulación, Enrique Ponce, al que hizo debutar con picadores y le dio la alternativa, César Rincón, con quien llegó a lo más alto, Sebastián Castella, Pepín Liria, Antonio Ferrera, Luis Bolívar, Leonardo Benítez… o los nietos de Juan Posada, Ambel Posada y Posada de Maravillas.
Hombre muy querido por todos cuantos le conocieron, salió del atestado tanatorio de Las Rozas transportado por Óscar Martínez, durante muchos años encargado de abrir la Puerta Grande de Las Ventas, y que vio atónito cómo un águila real siguió al coche fúnebre en vuelo bajo durante muchos kilómetros.
Se ha ido un profesional del toreo, que lo fue y destacado, pero nos ha dejado quien sobresalió más en su faceta como padre, amigo y, asímismo muy importante, un torero en la calle, en la que supo lidiar con arte y valor para hacerse un nombre y triunfar a lo grande.

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Nimes (Francia) , 18 de septiembre. Primera de la Feria de la Vendimia. Casi lleno. Toros de Jandilla, Victoriano del Río y El Freixo. Alejandro Talavante, palmas, silencio y silencio. Roca Rey, palmas, dos orejas, oreja;

Guadalajara, 18 de septiembre. Segunda de la Feria de la Antigua. Tres cuartos de entrada. Toros de José Vázquez. Daniel Luque, silencio y silencio. Emilio de Justo, silencio y silencio. Borja Jiménez,  silencio y dos orejas.   Salamanca, 18 de septiembre. Cuarta de la Feria de la Virgen de la Vega. Un cuarto de plaza. …