Y dos toreros en la enfermería.
Murcia, 18 de septiembre.
Cuarta de la Feria de Septiembre.
Novillos de Fuente Ymbro, el sexto premiado con la vuelta al ruedo.
Parrita, (añil y plata), palmas, palmas y dos orejas.
Álvaro Serrano (azul noche y oro), ovación tras aviso y ovación.
Angelín (rosa y oro), oreja. Resultó cogido por su primero durante la faena de muleta.
Angelin fue cogido por el tercero, sufriendo una cornada en el muslo izquierdo de 20 centímetros, que abre el músculo abductor y llega hasta el fémur.
Por su parte, Álvaro Serrano fue atendido en la enfermería de un fuerte golpe en la zona cervical y otro en la muñeca izquierda.
Manolo Guillén
Foto: Toromedia
Vaya por delante una de las acepciones del término psicosis: “Trastorno caracterizado por delirios, alucinaciones y la pérdida de contacto con la realidad”. Algo parecido debió sufrir el Presidente para otorgar la segunda oreja del sexto a “Parrita” y para regalar una vuelta al ruedo al sexto de Fuente Ymbro.
Y más aún en el contexto de una tarde tan accidentada y tan poco lucida, con dos toreros en la enfermería.
De locos. De hecho, lo que podía haber sido una crónica de guerra con el protagonismo de dos novilleros heridos, se torna en un texto incómodo y molesto hacia el Presidente, el ganadero Ricardo Gallardo y hasta hacia Cristóbal Ramos “Parrita” que con una oreja habría salido generosamente despachado.
Así queda más que cuestionada su Puerta Grande y, sobre todo, la credibilidad del Palco en un día en el que la sangre de Angelín y cuatro naturales de Álvaro Serrano, desmadejado por un volantín que le pudo partir el cuello, deberían acaparar todas las miradas.
Abrió plaza un novillo muy cargado de kilos para el tamaño de su caja. Parrita atisbó sendas medias verónicas. Una en el recibo y otra en el quite.
Brindó la faena al empresario Ángel Bernal. Tardó en cogerle el punto Cristóbal, para dibujarle tres lambreazos con la izquierda que tuvieron eco en el tendido. Perdió cualquier posibilidad de trofeo con el verduguillo.
Se centró por momentos con el cuarto, que recibió dos puyazos y recibió un quite de Álvaro Serrano.
Mató el sexto, por cogida de Angelín. Estuvo bien a secas con el novillo, que fue el menos malo del encierro. Y después llegó el grave error del Presidente, que ya no debería volver a subir al palco de La Condomina.
Se mascó la tragedia cuando resultó duramente volteado, los pies por el aire y la caída desde lo alto cabeza abajo. Se pudo partir el cuello. Tras unos minutos angustiosos con el madrileño postrado en el suelo, a quien no podían levantar y se pedía una camilla, lo izaron camino de la enfermería pero les obligó a detenerse. Se tambaleaba. Cojeaba.
Volvió a la cara y por el derecho se le volvió a colar el novillo igual que en la voltereta. Se echó la muleta a la izquierda y sin chaquetilla le dibujó cuatro naturales que supieron a gloria.
Después volvió a enredarse con la espada y perdió los trofeos.
En su primero se mostró desenvuelto y voluntarioso frente al deslucido castaño, que brindó a Pepín Liria.
Una cornada de 20 centímetros recibió Angelín, después de caer al descubierto ante la cara del novillo de Fuente Ymbro, que, le sorprendió en un circular. Cogió la espada de matar y, al segundo intento, manando la sangre por el muslo, enterró el acero y fue llevado a la enfermería.
Ahí terminó la tarde para él, después de haberse ido a portagayola y de haber anotado muletazos inverosímiles, por su redondez, instantes después de otros auténticos banderazos.
Había rodado por la arena en el quite, librándose de la cornada por milímetros.
EL ESPONTÁNEO. Al finalizar la novillada nadie se acorda del pobre tonto holandés errante, Peter Hanssen, que saltó al ruedo para reclamar la abolición de la Tauromaquia y salió de la plaza entre caricias y carantoñas de los empleados de la plaza y el amparo se las fuerzas de seguridad.






