Una por coleta se pasearon de una corrida también con posibilidades.
Albacete, 16 de septiembre
Novena de feria.
Tres cuartos de entrada.
Cinco toros de Jandilla y uno, sexto, de Luis Algarra, desiguales de presencia y en conjunto de buen juego. Quinto y sexto fueron los más complicados.
Sebastián Castella (de pavo y oro), vuelta al ruedo tras aviso y oreja.
Daniel Luque (de celeste y oro), ovación y oreja tras aviso.
Manuel Caballero (de corinto y oro), oreja y ovación tras aviso.
De las cuadrillas destacó Candela.
Fotos: Alberto Núñez Aroca
Ni la amenaza de lluvia -que se hizo presente tras la merienda- ni la decepción ocasionada por el fracaso torero de los dos días precedentes frenó a la gente en el penúltimo día de esta feria tan extensa como intensa y por la que, hasta ahora, han pasado más de dos millones de personas, que se dice pronto, y de los que una buena fracción han acudido a presenciar sus festejos taurinos, a los que ayer volvió también el paseo de orejas.
Galopó alegre al caballo el melocotón primero, peleando con ímpetu e interés. Como excepción a la regla, Castella comenzó su faena apoyado en la barrera, con la figura abandonada y apretando las tuercas al de Jandilla, noble y repetidor, y con el que anduvo poderoso y mandón con la derecha y mucho más ligero al natural. Trasteo largo que no logró apurar a un toro que tardó en doblar.
Necesitó muchos capotazos para poner en suerte al cuarto y, ya bajo el agua, sí que echó mano de su libro de estilo para comenzar su labor con pases cambiados por la espalda y proseguir, en terrenos de cercanías, ligando sin enmendarse y basando todo en la diestra. Se le fue la mano al matar pero ahora sí se ablandó el palco.
El viento, que contuvo un rato al agua, molestó, sin embargo a Luque en su recibo capotero al segundo, teniendo que esperar al quite para lucirse con el percal. Firme y terne no se anduvo con probaturas para someter a su oponente y luciendo en circulares interminables aunque no hubo conexión por el pitón izquierdo.
Mirón y sin humillar el quinto también fue hacia adelante pero a la contra y creando complicaciones a su matador, que tragó y aguantó miradas inquietantes en busca de lucimiento. Tiró de paciencia y exposición par sacar todo lo que tuvo el toro y una faena de mucho mérito a la que puso la guinda con un estoconazo hasta las cintas.
El tercero derribó de manera espectacular a la plaza montada, creando momentos de confusión y desorden en su lidia. Animoso y dispuesto, el nuevo Manuel Caballero bajó mucho la mano al torear en redondo e intentó hacer lo mismo al natural, pero ya sin tanta limpieza, volviendo a la diestra para rematar con una estocada fulminante que tuvo premio.
Cerró la función un ejemplar de Luis Algarra al que se picó mucho y no siempre en el sitio. Rebrincado y calamocheador no se lo puso fácil al joven Caballero, que bajo la lluvia anduvo muy valiente y expuesto, aguantando impávido tarascadas y derrotes tratando de bajar la muleta para buscar rebajar el mal estilo de su antagonista, quedando todo en un toma y daca en el que evidenció valor y voluntad.