Cuando el adiós de los ruedos se convierte en un nuevo comienzo. El torero manchego se despide de los ruedos mañana en Ciudad Real.
Hay temporadas que tienen un significado especial. Temporadas en las que cada paseíllo pesa más, cada toro despierta recuerdos y cada plaza se convierte en una página de una historia que comenzó a escribirse hace más de tres décadas. 2026 es para Víctor Puerto una temporada de emociones, memoria y despedida, pero también de ilusión, proyectos y futuro.
Después de 31 años de alternativa y más de un millar de corridas de toros, el diestro ciudadrealeño afronta su última temporada vestido de luces con la serenidad de quien contempla una trayectoria extraordinaria. Madrid, Sevilla, Valencia, Bilbao, Málaga, Pamplona, Barcelona; Colombia, México, Ecuador… Son nombres que forman parte de una biografía taurina jalonada de triunfos, tardes difíciles, toros inolvidables y experiencias que han terminado convirtiéndose en una forma de entender la vida.
El 20 de agosto, en la Feria de Ciudad Real, regresará a la plaza que le vio convertirse en matador de toros. Y el 13 de septiembre, en Malagón, vivirá otro de los momentos más emotivos de esta temporada de despedida, en la tierra que le vio crecer y convertirse en torero.
Pero Víctor Puerto no habla de un final con nostalgia. Habla de cerrar un círculo, de disfrutar del presente y de comenzar una nueva etapa desde otra perspectiva. Porque si algo deja claro durante esta conversación es que se puede abandonar el traje de luces sin abandonar el toreo.
—Víctor, ¿cómo afronta una temporada tan especial como esta?
Con mucha ilusión y, sobre todo, con ganas de vivirla intensamente. He tenido la fortuna de disfrutar de una carrera increíble y ahora quiero detenerme un poco más en el presente. Más que pensar continuamente en lo que queda o en lo que termina, quiero vivir cada entrenamiento, cada tentadero, cada toro, cada conversación y cada actuación.
Me gustaría que fuese una temporada para sentir y disfrutar. Que cada tarde tenga su propio significado y que pueda vivirla con intensidad. Al final, eso es lo más importante: estar presente en cada momento y gozar de lo que todavía está por llegar.
—Después de 31 años de alternativa, ¿qué significa para usted despedirse de los ruedos?
Significa cerrar un círculo. No lo vivo como una despedida triste, sino como el momento de comenzar a disfrutar el toreo desde otra perspectiva.
Han sido muchos años, más de mil corridas y muchísimas vivencias. Creo que ha llegado el momento adecuado para dar ese paso. No me voy por falta de ilusión ni por cansancio. Al contrario: me voy sintiendo una enorme plenitud y con la satisfacción de haber vivido una carrera que me ha dado muchísimo.
Usted ha dicho en alguna ocasión que el toreo no es algo que simplemente haya sido, sino que sigue siendo. ¿Qué significa realmente el toreo para Víctor Puerto?
El toreo no ha sido; el toreo es. Es una forma de vida, de sentir, de pensar, de soñar y de afrontar el día a día.
El toreo te enseña incluso a enfrentarte a las dificultades. Yo siempre digo que hay un gran paralelismo entre el toro y la vida: cada toro tiene su lidia, y cada situación que se presenta en la vida también tiene su manera de afrontarla.
Tienes que interpretar lo que tienes delante, adaptarte a las circunstancias y encontrar la forma de seguir avanzando. Eso me lo ha enseñado muchísimo el toreo.
—¿Puede decirse entonces que el torero aprende a torear también fuera de la plaza?
Sin ninguna duda. La vida, igual que el toro, te plantea situaciones que no siempre puedes controlar. Hay días buenos y días malos, momentos en los que todo sale como quieres y otros en los que tienes que buscar soluciones.
El toreo me ha enseñado a no rendirme, a analizar lo que tengo delante y a intentar encontrar siempre una respuesta. Por eso creo que existe ese paralelismo tan grande entre torear y vivir.
—Ciudad Real tendrá un protagonismo especial este año. ¿Qué representa para usted esa plaza?
Ciudad Real es fundamental en mi vida taurina porque es la plaza que me vio tomar la alternativa. Eso ya la convierte en un lugar muy especial para mí.
Pero, además, allí he toreado muchas veces: ferias, corridas benéficas y otros festejos por diferentes causas. Es una plaza que me ha quitado el sueño en algunas ocasiones, pero que también me ha dado muchísimas alegrías.
Volver ahora, en una temporada tan importante, tiene un significado enorme. Dios quiera que pueda sentirla y vivirla en todo su esplendor.
—¿Qué recuerdos aparecen cuando mira hacia atrás y contempla más de tres décadas de profesión?
Es muy difícil quedarse con uno solo. Cuando haces balance de una trayectoria de más de mil corridas, los recuerdos se acumulan.
Hay tardes que, evidentemente, ocupan un lugar especial. Madrid, por ejemplo, con mi confirmación y las dos salidas a hombros de 1996. Sevilla, en San Miguel, con aquellas dos orejas al toro de Gavira. Y después están Valencia, Bilbao, Málaga, Pamplona, Barcelona…
Y América: Cali, Manizales, Medellín, Quito, Aguascalientes… Son muchísimos lugares y muchísimas experiencias.
También están los toros indultados, las corridas en solitario en Madrid, Sevilla o Ciudad Real… Pero más que hacer una lista de triunfos, lo que uno guarda son los momentos y las emociones que terminan formando una vida.
—¿Hay alguna tarde que todavía recuerde con especial intensidad?
Hay muchas. Sería injusto quedarme solamente con una. Madrid siempre tendrá un significado enorme, por la confirmación y por las dos salidas a hombros del 96. Sevilla también ocupa un lugar muy especial.
Pero cuando llevas tantos años, los recuerdos dejan de ser únicamente grandes triunfos. También recuerdas una conversación en el campo, un tentadero, un toro que te enseñó algo, una tarde complicada que te hizo crecer… Todo forma parte de la carrera.
—Usted ya había anunciado una despedida en 2020. ¿Qué ocurrió entonces?
En 2020 había anunciado una despedida por mi 25.º aniversario de alternativa y quería culminarla de una determinada manera, pero llegó la pandemia y no pudo hacerse.
Quizás era por algo. A veces la vida te cambia los planes y, con el paso del tiempo, entiendes que las cosas suceden cuando tienen que suceder.
—¿Y por qué siente ahora que ha llegado el momento definitivo?
Porque este año he vivido sensaciones muy especiales en el campo, especialmente con la preparación de los chicos del C.A.R. de Toreo Víctor Puerto. También mi actividad
como formador y coach para grandes empresas me ha permitido descubrir otra manera de comunicar y transmitir.
Todo eso me hizo pensar que era el momento de cerrar el círculo y vivir el toreo desde otra perspectiva. No siento que haya llegado el momento de abandonar el toreo; siento que ha llegado el momento de cambiar mi manera de vivirlo.
—¿Cómo ve el momento actual de la tauromaquia?
Yo veo el toreo con mucha vida. Hay una gran cantidad de toros que embisten para crear y tenemos toreros con un nivel altísimo.
Es cierto que las cosas evolucionan. Hay toros con más volumen, toreros que se arriman muchísimo y un nivel artístico importante. Pero, sobre todo, hay algo que me alegra especialmente: la juventud está regresando a las plazas.
Eso es fundamental. Si los jóvenes vuelven a interesarse por el toreo, significa que existe futuro.
—¿Qué cambiaría de la tauromaquia actual?
Sinceramente, nada en su esencia. Todo evoluciona y el toreo también seguirá evolucionando, pero hay cosas que no deben perderse.
La tauromaquia es algo muy grande, con muchos valores, con mucha verdad y con una enorme carga ética. Evolución, sí; pérdida de identidad, no.
Creo que precisamente su grandeza está en que conserva algo que resulta muy difícil encontrar en otros ámbitos: la verdad del momento.
—Después de tantos años, ¿sigue sintiéndose un “enfermo del toreo”?
(Ríe). Sí, soy un enfermo del toreo. Si dependiera únicamente de mí, habría toreado en todas las plazas en las que alguna vez tuve la oportunidad de triunfar.
Pero también he aprendido que no todo depende de uno. Hay cosas que se dan y otras que no. Y ahora quiero centrarme en aquello que tengo delante.
Donde estoy anunciado existe una oportunidad de disfrutar de mi año, de mi momento y de mi presente. No quiero vivir pensando en lo que pudo ser, sino disfrutando de lo que es.
—¿Cómo imagina esa última tarde vestido de luces?
Todavía no puedo decir exactamente cómo será porque queda temporada por delante y seguimos cerrando algunas cosas.
Hay una corrida en octubre que me hace especial ilusión y que tendrá carácter benéfico. Se presentará próximamente y no puedo adelantar mucho más.
Después está también la posibilidad de volver a América durante el invierno. Colombia, México y quizá Ecuador pueden formar parte de ese último capítulo.
Pero, por encima de todo, quiero que cada tarde tenga su propio sentido. La última llegará cuando tenga que llegar.
—¿Y qué ocurrirá después de la última corrida? ¿Se alejará del toro?
No. Eso es imposible.
Seguiré muy cerca del toro, preparando toreros física y psicológicamente en el C.A.R. de Toreo Víctor Puerto y acompañándolos en sus compromisos. Quiero seguir formando, transmitiendo todo aquello que he aprendido y ayudando a los jóvenes que están comenzando.
También quiero disfrutar de la evolución de Javier Torres “Bombita” y, por supuesto, de la ilusión de ver a mi hijo Víctor intentando cumplir su sueño de ser torero.
Eso será algo muy especial para mí. Después de haber vivido tantos años como torero, experimentar el mundo del toro desde la perspectiva de un padre será una sensación completamente diferente.
—¿Le preocupa ahora más su hijo que cuando usted se enfrentaba al toro?
Seguramente sí. (Ríe). Cuando eres tú quien está delante del toro, conoces tus sensaciones y tus riesgos. Cuando ves a alguien que quieres, todo se vive de otra manera.
Pero también entiendo que forma parte de su sueño y quiero acompañarlo, ayudarlo y disfrutar de ese camino con él.
—También continuará con su faceta de coach y formador para grandes empresas. ¿Qué le aporta esa nueva actividad?
Me aporta mucho. Al final, muchas de las enseñanzas que te proporciona el toreo son perfectamente trasladables a la vida profesional: afrontar dificultades, tomar
decisiones, trabajar bajo presión, interpretar las circunstancias y aprender de los errores.
El toro te obliga a estar presente. Y en la vida también es muy importante saber estar en el momento adecuado y tomar decisiones cuando corresponde.
—Después de una vida entera delante del toro, ¿qué le queda por aprender?
Siempre queda algo por aprender. Ese es precisamente uno de los aspectos más bonitos del toreo.
Puedes llevar treinta años de alternativa y enfrentarte a una situación que nunca habías vivido. El toro siempre te sorprende. Y la vida también.
Por eso quiero continuar aprendiendo, pero ahora desde otro lugar, ayudando a los demás y disfrutando de todo aquello que he ido construyendo durante estos años.
—Si tuviera que resumir en una sola frase lo que ha significado el toreo para usted, ¿qué diría?
Diría que el toreo me ha enseñado a vivir.
Me ha enseñado que cada toro tiene su lidia, que cada momento requiere una respuesta diferente y que nunca puedes dejar de luchar por encontrar la solución.
Por eso, cuando deje de vestirme de luces, no sentiré que dejo el toreo. Simplemente estaré toreando de otra manera.
—Entonces, ¿no es un adiós?
Es un cambio de etapa.
Seguiré cerca del toro, de los toreros, de los jóvenes y de mi familia. Seguiré formando, aprendiendo y disfrutando.
En definitiva, seguiré toreando al toro de la vida.
Y creo que esa es la mejor manera de afrontar lo que viene: con ilusión, con serenidad y con ganas de disfrutar.
—Una última pregunta, maestro. ¿Qué le gustaría llevarse de esta última temporada?
Me gustaría llevarme sensaciones. Más que contar, sentir.
Quiero vivir cada entrenamiento, cada tentadero, cada actuación y cada momento junto a las personas que quiero. Quiero disfrutar de mi familia y de todo aquello que la vida me ha permitido construir.
Después de tantos años, uno comprende que los números son importantes, pero que lo verdaderamente valioso son las emociones.
Y si algo he aprendido delante del toro es que no puedes pensar demasiado en lo que vendrá. Tienes que mirar lo que tienes delante y tratar de torearlo de la mejor manera posible.
Ahora me toca torear el toro de la vida. Y quiero hacerlo disfrutando.
La conversación termina, pero queda la sensación de que en las palabras de Víctor Puerto hay mucho más de comienzo que de despedida. El traje de luces dejará de acompañarle en los ruedos, pero no desaparecerá de su vida el mundo que durante más de tres décadas le ha dado identidad, emociones y aprendizaje.
Ciudad Real será el regreso a sus raíces; Malagón, el abrazo de su tierra; y las últimas tardes, la oportunidad de cerrar un círculo que comenzó hace 31 años.
Después vendrán los jóvenes, el campo, la formación, su hijo, nuevos proyectos y quizá América. Vendrá, en definitiva, otra manera de vivir el toro.
Porque hay toreros que se retiran de los ruedos, pero jamás de la pasión que los hizo toreros.
Víctor Puerto pertenece a esa estirpe.
Y cuando llegue el último paseíllo, cuando se deshaga el nudo de la corbata y el traje de luces quede guardado, quedará todavía lo esencial: la mirada del torero, la memoria de las plazas y una vida entera aprendiendo a enfrentarse al toro.
El toro cambia de forma, pero nunca deja de estar delante. Ahora, para Víctor Puerto, el siguiente toro será el de la vida.







