“Una aficionada exigente en La Coruña”
La siguiente anécdota se la oí contar directamente al catedrático del toreo, Antonio Bienvenida. Fue en Madrid y hasta recuerdo la fecha, el 10 de octubre de 1970. Lo recuerdo de esa manera porque tengo en mi casa una foto dedicada y don Antonio la firmó y hasta le puso la fecha.
Al salir de Madrid para ir a torear a La Coruña, doña Carmen, su madre le dijo: Antonio como vas a La Coruña, aprovecha y acércate a Santiago de Compostela para ganar el jubileo.
Así lo hizo, y el mismo domingo se desplazó en su coche hasta Santiago. Oyó misa y confesó y comulgó.
Por la tarde en la plaza de La Coruña, las cosas no iban bien. El ganado no ayudó en absoluto y los pitos eran más abundantes que las palmas.
Cuando Antonio se encontraba en el callejón secándose el sudor después de las fatigas pasadas, una señora que ocupaba una barrera, le dijo: Antoñito, ya te he visto esta mañana en Santiago como asistías a misa y después has confesado y comulgado.
Antonio miró a la señora agradecido, pensando en que iba a escuchar algún consuelo, cuando la señora siguió diciendo.
Pues Antoñito, menos confesar y comulgar y más arrimarte al toro, sinvergúenza.









