La novillada, con entrada gratuita para todos los aficionados, comenzó a las doce del mediodía y atrajo a un gran número de aficionados y profesionales llegados de multitud de localidades con Utiel, Venta del Moro, Algemesí, Puçol, Xàtiva, Bocairent, Ribarroja del Turia, Cheste y Valencia entre otras. Amenizó el festejo la charanga La Perla Negra de Utiel, con un variado repertorio.
Se lidiaron astados de la ganadería turolense de La Lucica, que dieron buen juego y sirvieron para calibrar las posibilidades de los actuantes y como piedra de toque en su aprendizaje.
Sobrado de plaza, bien presentado el colorado ojo de perdiz primero que tenía, como todos sus hermanos, el pelo del invierno. Fue y vino, se desplazó con buen son aunque por momentos le costó algo y no anduvo sobrado de fuerzas. Algo más terciado el castaño y algo playero el segundo, que se dolió en banderillas, pero luego tuvo tranco, fijeza, humillación y calidad para dar y tomar.
Alto, montado, veleto y hecho hacia arriba el abanto y negro tercero. Algo distraído, embistiendo siempre en línea recta, aunque con tranco en banderillas. Tuvo por virtudes el que humillaba y se desplazaba, si bien escarbaba y tendía a irse. Tuvo como virtudes el ir a más a medida que se desarrollaba su lidia. Terciado, bajito, un zapato, un dije fue el castaño cuarto, que también obedeció con celo y alegría los cites y no dejó de meter la cara y repetir sus embestidas. Y el quinto, castaño y listón, tuvo su punto de bravura y exigió siempre firmeza de manos, y pidió el carnet a su matador, sin perdonar ni un fallo de colocación.
Israel Guirao se mostró como un torero enterado y con oficio, sobrado y puesto y ya muy preparado para mayores empresas. Pisó los terrenos con seguridad, y en la cara del toro, anduvo muy sobrado y suficiente
Jorge Escamilla, lanceó con vistosidad, colocó dos pares de mérito de poder a poder, clavando, reunido y arriba y, tras brindar Pepe, una institución en la plaza de Requena, muleteó con relajo, expresión y siempre, tratando de hacer las cosas bien. A la faena tras un entonado comienzo le faltó una cierta estructura y argumento, pero el torero se justificó. Mató de forma deficiente.
Hugo Masiá saludó con las dos rodillas en tierra a su oponente, al que pareó con vistosidad y esfuerzo. Brindó la muerte del novillo al fotógrafo Litugo. Un trasteo esforzado, tesonero, en el que tuvo la virtud de buscarle las vueltas a su novillo, y tratar de encontrarle siempre el sitio, los terrenos y la distancia.
José Román firmó dos excelentes verónicas en el saludo capoteril. Y luego rubricó un trabajo expresivo, sentido, con algunos muletazos de gran estética, brindado a José Manuel Montoliu. Está todavía muy nuevo, tiene escasa experiencia pero exhibió momentos de mucho interés. Paso las de Caín con el estoque.
Pablo Torres realizó una torerísima apertura de faena a su antagonista, plena de gusto, sentimiento, torería y sabor. Un trabajo en el que acompañó y toreó con delicadeza, suavidad, aunque por momentos el novillo le pidió firmeza de manos y sometimiento. Sufrió varias volteretas que no hicieron mella en su decisión. Actuación de aprendizaje, y que le servirá en el futuro.
Foto: Litugo