La falta de público y el poco juego del ganado de Talavante condicionó decisivamente el último festejo de la feria de julio.
Valencia, 19 de julio
Cuarta y última de feria.
Muy poco público.
Novillos de Talavante, bien presentados y de poca fuerza y juego.
Álvaro Serrano (de noche y oro), vuelta al ruedo y palmas tras aviso.
Julio Norte (de perla y oro), vuelta al ruedo y silencio.
Marco Polope (de blanco y oro), palmas y silencio.
De las cuadrillas destacaron Raúl Martí y Fernando Sánchez.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Con una hora de adelanto, a causa de la final del campeonato mundial de fútbol en la que la selección nacional española disputaba el título al combinado argentino, comenzó la cuarta y ultima función de la feria de julio, una novillada a la que no vino nada bien esta coincidencia, registrando el coso de Monleón la entrada más floja del ciclo y una de las más pobres en su ya larga historia y que propició una falta de eco y calor humano que se dejó notar en el desarrollo y, sobre todo, balance final del festejo. Daños colaterales de tener que competir con el mayor espectáculo de masas.
Álvaro Serrano, que hacía su presentación en Valencia y venía de triunfar en Las Ventas, nada menos, y Santander, debutó en esta plaza con un novillo que protestó mucho en el caballo pero acudió alegre y pujante a la muleta, abriendo su faena de rodillas. Ya en pie anduvo sin apreturas ni agobios, manejando las embestidas con temple y solvencia, especialmente con la derecha, ya que al natural el de Talavante tuvo menos recorrido y fuelle.
Se defendió el cuarto debido a su poca fuerza, y se le obvió el castigo en el peto. Ni aun así tuvo entrega en el último tercio, echando la cara arriba y cabeceando con genio. Le costó mucho humillar, insistiendo mucho el novillero, que lo tuvo que hacer todo él ante la falta de entrega de su oponente. Mató con dificultad ya que se había llevado un buen golpe en la mano derecha al dar un pase de pecho.
Julio Norte, ya a las puertas de la alternativa, cuidó mucho a su primero en el tercio de varas para exigir más al novillo muleta en mano, llevándole siempre enganchado a la tela, primero en los larguísimos derechazos de inicio y luego toreando al natural, confiándose más de la cuenta, lo que le costó un revolcón. Y otro muy feo se llevó al tirarse a matar, aunque sin consecuencias, afortunadamente.
Volvió a mostrar una total disposición el salmantino frente al quinto, que tuvo fijeza y buen son en el inicio de su lidia, pero al que le faltó continuidad y se fue apagando poco a poco, obligando a su matador a tener que asumir más riesgos en una labor de cercanías que no tuvo unidad ni conexión con el tendido.
Tan alto como justo de fuerzas fue el tercero, cuyo paso por el caballo fue mero trámite, lo que agradeció para permitir a Marco Polope una faena limpia y vertical, dejando ver maneras, clase y personalidad, toreando muy despacio, especialmente cuando lo hizo por el pitón izquierdo, pero erró al matar y eso le costó su premio.
Se lució al torear de capa al jabonero sexto, que tuvo un muy buen tranco de salida, y compartió banderilals con Fernando Sánchez. El novillo luego ya tuvo más dificultades para desplazarse, poniéndose a la defensiva y dejando a Polope mostrar sólo voluntad y ganas.







