Pinar y Serrano se justifican de sobra y salen a hombros ante una dura corrida de Victorino. Albacete, 14 de septiembre. Séptima de feria. Casi lleno del aforo permitido. Toros de Victorino Martín, muy en el tipo, serios y encastados. Rubén Pinar (de azul rey y oro), entera, oreja; entera, oreja; media, ovación. Sergio Serrano (de corinto y oro), entera, aviso, dos orejas; entera, oreja; pinchazo, entera, ovación. De las cuadrillas destacaron Javier Perea, Candela y Víctor Martínez. Paco Delgado Fotos: Mercedes Rodríguez No defraudó el mano a mano que, a falta de la novillada sin cabaloos final, abrochaba la feria de Albacete. Los toros de Victorino Martín, a los que llamarles cinqueños era un piropo -hubo varios con seis años bien pasados-, hicieron honor a su fama y vendieron caro su pellejo. Su lidia no dejó indifirente a nadie y la emoción llegó a los tendidos, obligando a sus matadores a demostrar sus cualidades y justificar la confianza puesta en ellos. Quiso dejar claras su intenciones Pinar, triunfador de las últimas ediciones de este ciclo, y se fue a recibir a toriles a su primero, un típico ejemplar de Victorino, largo, agalgado, vareado, escurrido de carnes, astifino, veleto, sin excesiva romana... y con mucho que torear. Dio guerra en los primeros tercios y llegó a la muleta codicioso, ágil de cuello y avispado. No se lo puso fácil a su matador, que derrochó pundonor y ganas, empeñado en torear por lo moderno, y que se llevó una tremenda …






