Los tiempos cambian y lo que un día, no tan lejano, suponía un acontecimiento taurino de primer orden, ha pasado a ser un trámite de obligado cumplimiento en función de las exigencias del pliego de condiciones. La tradicional desencajonada ha perdido su encanto. Anoche, en la plaza de toros, apenas media plaza se cubrió para presenciar un espectáculo que fue santo y seña de la Feria de Julio. Claro, que estamos hablando de una Feria de Julio que no se parece en nada a la actual. Un espectáculo que, incluso, a llegado a perder la emoción que tuvo en su día. ¿Será por los toros? Igual sí, igual, no.



