Rafael Cañada era banderillero que tenía un gran provenir por delante, con todas las puertas abiertas y quien hace apenas dieciocho meses tuvo un grave percance en la plaza de toros de Valencia que le mantiene postrado en una silla de ruedas. Rafael, también matador de toros y junto a quien el torero Emilio de Justo dio sus primeros pasos en la profesión, continúa recuperándose. Y dando todo un ejemplo de hombría, de gallardía, de saber afrontar la adversidad con torería. Dando testimonio de amor a la fiesta de los toros, a la que no le guarda ningún rencor. Y está preparando un libro en el que va a relatar toda su experiencia en los ruedos y lo que está viviendo ahora. Enrique Amat Rafael, en Valencia la afición y los profesionales se acuerdan mucho de usted. “Yo también tengo que agradecer a los valencianos, a los toreros, a los aficionados y a los medios de comunicación por cómo me han tratado siempre. Desde el día del percance. Y pese a la gravedad del mismo, no tengo ningún mal recuerdo de Valencia. Siempre me he sentido como uno más entre los valencianos. Y estaré eternamente agradecido a esa tierra. Espero volver muy pronto por ahí para saludar a tanta gente. Ahora con la pandemia no nos podemos mover, pero dentro de poco espero poder acercarme.” Usted sigue dado un ejemplo de entrega, de entereza, de gallardía, de amor por la profesión. “En esta vida hay que ser positivo. …