El abogado y profesor Eduardo Osborne recoge de forma sugestiva la presencia de la tauromaquia en la música moderna y sus personajes de todo ámbito, con un título inspirado en La música callada del toreo, de José Bergamín, que acaba de aparecer en las librerías, editado por El Paseíllo. El historiador y escritor cordobés Fernando González Viñas y el editor David González Romero son los promotores de esta iniciativa, un sello editorial dedicado a los toros que acaba de ver la luz en Córdoba. Enrique Amat La música cantada del toreo se adentra en el impacto que la tauromaquia tiene en la cultura pop. En sus páginas se habla de anécdotas que ilustran el entusiasmo que despertaba Manuel Benítez El Cordobés en estos ambientes. Una de ellas, protagonizada por el guitarrista Jimi Hendrix quien en el verano de 1968 actuó en Mallorca, y su máximo interés era el de ver torear a Benítez. O el propio Julio Iglesias, quien en un recital de Frank Sinatra al que acudieron Benítez y él en Los Ángeles, comprobó cómo todas las miradas se dirigían al torero de Córdoba. En esta obra se hace referencia también a músicos como los Beatles, quienes aparecen en la portada en aquella célebre imagen bajando de un avión y ataviados con una montera en el aeropuerto de Barajas. También se alude a Joaquín Sabina, quien en una de sus canciones dice aquello de más triste que un torero al otro lado del telón de acero. El cantautor de Úbeda ha utilizado muchas otras referencias al toreo en sus letras. Se habla asimismo de Gabinete Caligari, uno de cuyos álbumes se titula Que Dios reparta suerte y que además dedicó a la figura de Juan Belmonte la canción Sangre española. Y Andrés Calamaro, …






