El torero murciano se llevó el único premio de una corrida desangelada.
Madrid, 15 de agosto.
Plaza de Las Ventas.
Corrida del Día de la Paloma.
Un cuarto de entrada.
Toros de Araúz de Robles.
Javier Cortés, de blanco y plata, silencio y silencio.
José Garrido, de celeste y azabache, silencio en los dos.
Antonio Puerta, que confirma alternativa, de blanco y oro, ovación y silencio.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Festejo del día de la Virgen de la Paloma con toros de Araúz de Robles, bien presentados, serios, exigentes y de juego variado. Destacó el que abrió plaza, cinqueño, bravo, pronto, con transmisión y codicioso que le tocó al confirmante, Antonio Puerta, quien estuvo muy entregado, en tan importante día, mostrándolo con ritmo por el pitón derecho, cuajando importantes muletazos, pero sin terminar de someterlo; con el otro lo intentó mermando opciones su mansedumbre, rápida reposición y soltado de cara. Javier Cortés tiró de veteranía con uno que apenas empujó, mostrando firmeza con el otro, geniudo al que pudo rajándose a coninuación. José Garrido destacó asentándose por reunidas verónicas con su primero, en el otro deslucido y sin entrega estuvo decidido, sacando meritorios muletazos.
El primero de Javier Cortés no dio opción con el capote. En banderillas esperó con peligro destacando Pablo Gallego en dos arriesgados pares. En la muleta fue reservón, embistiendo con escaso brío. Por el derecho midió, impidiendo ligazón. Por el izquierdo estaba pendiente de todo lo que se movía, hizo hilo cuando se desplazó y embistió sin entrega alguna. Toro deslucido con el que Javier alargó el brazo, por ambos pitones, encontrando nula colaboración por parte del toro. A su segundo, cinqueño, le dio tres templadas verónicas. En varas empujó en la primera, la segunda la tomó pasando la raya el picador, única forma de conseguirlo. En banderillas cortó. En la muleta se mostró con genio y sin entrega. Por el derecho midió, solo los admitió de a uno y con media arrancada. Por el izquierdo rebrincó. Tardeó y reculó por ambos pitones plantándole cara con firmeza, consiguiendo así vencer la violencia del astado, que terminó buscando tablas al sentirse podido.
José Garrido se lució al recibir asentado, entregado y por ceñidas verónicas a su primero, rematando con una enjundiosa media a pies juntos. Se dejó en varas. Brindó al público. Inició con la muleta pasándolo con ritmo y rodilla en tierra por ambos pitones. La colaboración inicial del astado pronto fue a menos, pasándolo con torería por ambos pitones e instrumentando importantes doblones y trincherillas. En su segundo volvió a lucirse semigenuflexo por valerosas verónicas en la corta distancia. En la muleta lo intentó frente a un ejemplar rebrincado, tardo e irregular que punteó la muleta y embistió con la cara alta, al que le bajó la mano con poderío y mando, consiguiendo importantes series de a tres y de a cuatro por el derecho, y de a uno por el izquierdo.
Antonio Puerta confirmó con un cinqueño de imponente presencia, pronto, con fijeza y transmisión al que templó con valor por armoniosas verónicas. En varas cumplió. En la muleta el astado fue bravo, codicioso y poderoso mostrándolo, en el tercio, con ritmo por el derecho, dejándosela puesta y tragando. Por el izquierdo también exigió el toro, a veces tardeó y Antonio tiró dando profundidad a la embestida. Tanto poder tuvo el astado que la entrega del torero, aún siendo plena, a veces no terminó de domeñar el poderío del exigente astado. Su segundo, tardo y desentendido, tenía muchas teclas que tocar, mansedumbre, soltado de cara al pasarlo de muleta y veloz reposición, dificultando el dejársela en la cara, so pena de sufrir un serio disgusto en lo referente a la integridad física.







