Román y Nek Romero pasearon sendas orejas ante un público generoso y entregado a sus toreros en el inicio de la feria de julio.
Valencia, 16 de julio
Primera de feria.
Media entrada.
Cuatro toros de Fraile de Valdefresno y dos novillos, tercero y sexto, de Montalvo, bien presentados y nobles los toros, más justos y flojos los novillos.
Román (de cobalto y oro), vuelta al ruedo tras aviso y oreja con otro aviso.
Nek Romero (de morado y oro), ovación y oreja tras aviso.
Olga Casado (de celeste y plata), silencio y silencio tras aviso.
De las cuadrillas destacaron Víctor del Pozo y Fernando Sánchez.
Paco Delgado
Fotos: Mateo
Tras el paréntesis del pasado año, cuando por mor de las obras de instalación de la nueva iluminación se suspendió la tradicional feria de julio, la más antigua de las que se celebran en Valencia y modelo de las que con su ejemplo se dan en España, la también llamada feria de San Jaime inició una nueva edición. Lo hizo con un larguísimo e interminable festejo mixto en el que lo que más cotizó fueron las ganas y la entrega de los matadores locales.
Román fue el encargado de abrir el serial, enfrentándose a un toraco desentendido y manso en varas. Luego, la disposición del torero valenciano, y el origen atanasio del animal, yendo de menos a más, permitieron una faena que, sin preámbulos, tuvo garra y tensión, echando las rodillas al suelo, bajando muchísimo la mano, toreando con temple y mando, especialmente sobre el pitón derecho. Citó a recibir, llevándose un revolcón, perdiendo su premio al tardar en doblar su oponente.
Muy distraído y sin fijeza en los primeros tercios, se le dio duro en varas. En la muleta sólo buscó huir y hallar refugio al abrigo de toriles, siendo el empeño de Román el impedirlo. Valor y arrojo fueron las notas destacadas de un turno sin más contenido y que el público, sin embargo, premió con una muy generosa oreja.
Se vio apurado Nek al recibir a su primero, cuya lidia en el primer tercio fue bastante desordenada. Tras los pases cambiados con que abrió su trasteo hubo un parón al ser desarmado y tardar a volver a coger el hilo, derrochando valor ante un animal que no acabó de entregarse.
No se le pueden negar a Nek la disposición y ganas con que se midió al quinto, noble y obediente con el que probó a hacer de todo, destacando cuando se reposó y toreó al natural con empaque, apretando tanto que acobardó a su antagonista.
Se notó, y contrastó, el mucho menos volumen del primer novillo con los dos toros lidiados anteriormente. Tuvo, además, muy poca fuerza, tan poca que se derrumbó a poco de empezar su quehacer Olga Casado, que apenas pudo demostrar nada.
Tampoco anduvo sobrado de energía el sexto, muy protestado por el público. Quiso la madrileña revertir la situación brindando al respetable, pero aquello era misión imposible ante la extrema endeblez del utrero.







