Domingo, 8 de marzo de 2025. Plaza de toros de Valencia. Buena entrada en tarde entoldada y fría. Novillos de Guadajira, bien presentados, variados de pelaje, aunque muy desfondados. Emiliano Osornio (corinto y azabache), silencio y saludos. Mario Vilau (malva y oro), vuelta al ruedo y saludos tras aviso. Marco Polope (blanco y oro), palmas y vuelta tras aviso. Entre las cuadrillas destacó la lidia de Héctor García, quien también clavó con acierto los palos en el primero. Y también lidió con solvencia Andres Revuelta. Presidió Jesús Merenciano. Pesos de los novillos por orden de lidia: 486, 526, 504, 507, 508, 540 el sobrero quinto y 469 kilos.
Enrique Amat, Valencia
En la primera novillada picada del ciclo fallero, los novillos de Guadajira dieron al traste con el espectáculo. Y a pesar de ello, un novillero catalán, Mario Vilau, mostró que quiere ser torero. Hizo bueno ese axioma belmontista que asegura que: “si el toro no embiste, embestiré yo.” Y mostró una más que plausible actitud toda la tarde.
Los novillos de Guadajira sustituían a los inicialmente anunciados ejemplares de Talavante. Estuvieron bien presentados, muy variados de pelaje y con la suficiente romana. Pero todo se quedó en una pura fachada, mucha romana y poco fondo.
El castaño claro primero, con el pelo del invierno, tuvo cuajo y plaza. Recibió dos puyazos, y aunque tuvo un cierto fondo, le faltaron las fuerzas. Quiso más que pudo, apagado y mortecino. El también castaño segundo, asimismo con lustre y peso, derribó prácticamente sin empujar al picador Javier Mesa. También escaso de poder, perdió las manos y llegó al tercio final muy escaso de poder, perdiendo las manos y a la defensiva. Colorado ojo de perdiz el tercero, que también tuvo más fachada que fondo. No se empleó en el caballo, e hizo hilo en banderillas. Dijo muy poco la muleta.
El cuarto, asimismo castaño y listón, quiso saltar al callejón de salida. Abanto y suelto, también exhibió una alarmante falta de fuerzas. Aplomado y parado, no sirvió. Castaño el quinto, muy delantero de cuerna. Blando y protestado, fue devuelto a los corrales. El sobrero, lustroso, colorado ojo de perdiz, metió los riñones en el caballo. Luego pareció mejor de lo que fue porque le obligó mucho su matador. Y es que su tendencia fue la de tomar los engaños desentendido, quedándose debajo de las telas y saliéndose suelto.
Y el cierra plaza, colorado, más vareado y muy astifino, empujó con un solo pitón en el caballo. Luego tuvo más brío y alegría y se vino a los engaños con cierto son.
Encabezada el cartel el mexicano Emiliano Osornio, espada a quien apodera Curro Vázquez. Se mostró como un torero enterado y con oficio. Pisa la plaza con seguridad, tiene sentido de la colocación y el temple, aunque su trabajo, correcto eso sí, resultó escasamente emotivo y algo frío y desapasionado. Mató de una estocada trasera que bastó.
Y también anduvo por ahí en el cuarto, con momentos buenos en una labor de coletudo puesto, pero en la que no terminó de pasar la raya de la prudencia, y su trabajo no acabó de tomar vuelo. Lo mejor que hizo, el manejo del estoque.
El catalán Mario Vilau, quien el año pasado se proclamó triunfador del circuito de Novilladas, tanto de la Comunidad Valenciana como del resto de España, no dudó en irse a la puerta de chiqueros a saludar a su primero, al que le dio dos largas en el tercio y lanceó con espectacularidad. Sobrado de disposición, también comenzó de hinojos la faena de muleta en el platillo. Muy asentado, firme y pisando terrenos de compromiso, puso la emoción que el novillo no tenía. Magnífica la actitud, plausible la disposición, emotiva la entrega, dignas de aplauso las ganas de ser torero.
Y lanceó genuflexo en una larguísima serie al quinto, al que también fue a recibir a porta gayola. Y no tuvo empacho en irse por tercera vez a la puerta de chiqueros a saludar al sobrero. Luego le firmó una faena de nuevo de asentamiento de plantas, firmeza, y siempre dejándole la muleta en la cara para llevarlo embebido en los vuelos. Otra labor de mucho fondo, que fue rematada de media lagartijera y numerosos golpes de descabello.
Marco Polope se presentaba en Valencia tras su debut picadores el año pasado en la semana taurina de Algemesí. Tuvo el gesto de irse también a porta gayola. Ante un novillo escaso de fondo apuntó detalles de prestancia, sentimiento, y toreo vertical y acompasado.
Brindó la muerte del sexto a El Soro, quien le correspondió con una diana floreada. Se echó la mano a la derecha de salida en el platillo y le firmó una serie con impronta. Luego, lo intentó por los dos pitones, siempre por la línea de la expresión y la distinción.
Foto: Litugo









