Tintín junto con su perro Milú, el capitán Haddock, el profesor Tornadol, los detectives Hernández y Fernández, la cantante Bianca Castafiore y Néstor les desean un Feliz 2026. En nombre de Avance Taurino, donde se les tiene devoción.
Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, reflejar la presencia de la fiesta de los toros en este mundo imaginario tintinesco en la película titulada El misterio de las naranjas azules.
Un largometraje, que al igual que el titulado Tintín y el toisón de oro, está interpretados no por dibujos sino por personajes de carne y hueso. Eso sí, ninguna de estas dos aventuras se basa en alguno de los 23 álbumes que componen esta maravillosa e inolvidable colección.
El misterio de las naranjas azules, que se estrenó en 1964, tiene un doble atractivo para los aficionados valencianos. Primero porque hay referencias a la tauromaquia, sobre todo por una escena en la que los hermanos Hernández y Fernández se tienen que enfrentar accidentalmente a una vaquilla. Y luego porque la trama de la película se desarrolla enteramente en tierras valencianas
En este segundo film, El misterio de las naranjas azules, se narraba el secuestro del profesor Tornasol y otro reputado científico, quien enseñaba al despistado y sordo Silvestre una
plantación de naranjas azules que sería definitiva para la erradicación de la pobreza en el mundo. La película se rodó a lo largo de ocho semanas tanto en Valencia como en Gandía, Xàtiva, Beniopa y los Silos de Burjassot, donde Tintín y el capitán Haddock son encerrados hasta que el perro Milú los rescata.
Dirigida por Philippe Condoyer, a lo largo de los 105 minutos de metraje había flamenco, alcohol y toros con una vaquilla persiguiendo a Hernández y Fernández.
Lo dicho, Feliz 2026, taurino y tintinesco.









