Una sinfonía sorda

El Cid cuajó una sensacional faena en una tarde de altibajos.

Albacete, 15 de septiembre
Octava de feria. Más de media entrada.
Toros de La Quinta,  bien presentados y de juego desigual.
El Cid (de azul noche y oro), ovación y oreja y dos vueltas al ruedo tras aviso.
Molina (de botella y oro), oreja y ovación tras aviso.
Alejandro Peñaranda (de tabaco y oro), ovación con aviso y ovación.
De las cuadrillas destacaron José María Arenas y Basilio Mansilla.

Paco Delgado

Foto: Alberto Núñez Aroca
Tras los éxitos conseguidos en esta plaza y feria por los toros de La Quinta en los últimos años, también el abono de esta edición guardó una fecha para la lidia de los productos de Martínez Conradi, que ahora trajo un encierro bien presentado, sin excesiva romana pero exigente, con mucho que torear y sin dar facilidades a la terna ni gusto al respetable.
Otra de las notas significativas del actual serial está siendo los cambios y caídas de cartel, y para esta octava entrega Manuel Jesús “El Cid” ocupó a última hora el lugar del anunciado Fernando Adrián, que no acabó de recuperarse a tiempo del percance sufrido en la plaza venezolana de Tovar hace unos días.
El de Salteras se midió en su primer turno a un toro que derribó en el primer viaje al caballo y al que le hicieron pagar caro el gesto en el segundo. En banderillas se acostó por el derecho y apretó hacia adentro. No se dejó impresionar El Cid por su oponente y se echó la muleta a la izquierda de inicio, sacando varias tandas limpias y templadas, aunque el toro fue un poco a su aire, avisando siempre de que ahí  estaba y cuidado con él. Le hizo caso su matador y le pasaportó con celeridad.
Salió enterándose el cuarto, que huyó del caballo tras desmontar al piquero y sin apenas sangrar en este primer tercio y echó la cara arriba en el segundo. El Cid, muy valiente,  le macheteó por bajo antes de lucirse al torear en redondo, buscando rebajar el genio de un antagonista que no se dio nunca por sometido. Ahora sí se cruzó y firmó varias tandas al natural con empaque y enjundia y tratando de vaciar las embestidas lo más atrás posible.  Fue su obra una sinfonía, sorda, por que la banda de música, al parecer por un gesto de exigencia del torero, se negó a tocar mientras El Cid desgranaba una faena larga -sonó un aviso antes de coger la espada-, a más, majestuosa y rotunda a un toro que, ahora sí acabó rendido a su poder. Sólo le dieron una oreja, pero eso es ya lo de menos.
Se lució Molina al recibir al segundo, que fue pronto y alegre a la muleta, pidiendo firmeza, determinación y mando. No siempre lo entendió así el de Albacete, que dejó que fuese el cornúpeta quien llevase la iniciativa y marcase el ritmo, buscando más el brillo supuestamente artístico que la eficacia lidiadora.  La rapidez con que dobló el animal contribuyó a que la gente le pidiese, y consiguiese, una oreja.
Creó el desconcierto en varas el quinto, con el que Molina anduvo muy centrado y asentado,  si bien no logró que el de La Quinta acabase de descolgar ni facilitar su lucimiento n una labor con altibajos  que remató tarde y mal con el estoque.
El tercero, que peleó con ganas en varas, tuvo más humillación y docilidad, toreando Peñaranda con temple, ligazón y plantas asentadas, dejando una notable faena de series largas y dominadoras, sobre todo por el pitón derecho, aunque su tardanza en matar anuló la posibilidad de premio.
Veroniqueó con gusto al altón y pesado sexto, muy distraído y desentendido en la muleta, entrando al trapo con desgana y saliendo siempre con la cara alta, rajándose finalmente. Porfió y se peleó por buscar un lucimiento imposible.

Aunque nacido en Madrid y criado en Albacete, ha pasado ya más de media vida en Valencia, donde está afincado desde 1977.

Socio fundador, en 1988, de la agencia de publicidad Avance D.P.S.L., sigue ejerciendo en ella como director de publicaciones y llevando el tema taurino en la misma.

Es autor de alrededor de setenta libros de temática taurina, entre ellos los resúmenes de las temporadas en la Comunidad Valenciana, desde 1994 hasta la actualidad; además ha escrito Historia de la tauromaquia en la Comunidad Valenciana, Una década en el ruedo, Tal día como hoy, El color en el toreo, De seda y oro, Historias de San Isidro, Historia de la plaza de toros de Alicante, Con la pata p’alante, Historia de la feria de fallas, Los toros son cultura ¡Claro que sí!, Caricatoros, Los toros en el siglo XXI, Camiserito… y las biografías de Vicente Barrera Cambra, Maribel Atiénzar, Ivarito, Enrique Ponce o el toro Ratón…