Roca Rey fue el gran triunfador de una corrida en la que hubo más envoltorio que contenido.
Castellón, 28 de junio
Corrida de San Pedro. Tres cuartos largos de entrada.
Toros de Domingo Hernández, desiguales de presentación y manejables. El mejor, el quinto. El sexto fue premiado con la vuelta al ruedo.
Manzanares (de azul noche y oro), oreja y silencio tras aviso.
Cayetano (de azafata y oro), silencio y ovación.
Roca Rey (de corinto y oro), oreja y dos orejas tras dos avisos.
Paco Delgado
Foto: Mateo
Castellón volvió a apostar por la festividad de San Pedro y en su víspera se dio la última corrida incluida en el abono de La Magdalena. Una especie de galimatías temporal que se quiso justificar con el homenaje que se tributó al empresario Manolo Colonqués, gran benefactor de la fiesta en esta provincia, y tratar de recuperar esta fecha para el calendario local que, en condiciones normales, se cierra en primavera.
Un festejo, pese a los trofeos concedidos, que sólo contribuyen a maquillar el resultado, en el que tampoco hubo grandes momentos memorables en el ruedo, siendo la actuación de Roca Rey, que demostró su condición de figura y líder del escalafón, lo más destacable de un espectáculo por lo demás bastante plano.
Distraído y sin fijeza de salida su primero, tampoco se empleó en varas, haciéndose ovacionar Roca Rey al quitar de frente por detrás y con faroles. Echó mano de su repertorio habitual y enseguida se puso a la gente de su parte, enroscándose al toro a su cintura y derrochando entusiasmo y valor en una faena en la que sacó todo lo que tuvo un toro que acabó rehusando la pelea.
De nuevo gustó al recibir de capa al sexto, toro que manseó en el primer tercio, lo que no importó al torero peruano, que comenzó su faena con media docena de derechazos y pases por la espalda rodilla en tierra. Ya erguido unció enseguida a su muleta a un ejemplar que siguió dócil el engaño, compartiendo el entusiasmo del público con la magistral interpretación que de Concha flamenca hacía en ese momento la banda que amenizó la corrida. Luego el toro se fue apagando pero su matador siguió insistiendo hasta arrancar el último muletazo que tuvo el de Domingo Hernández, paseando las dos orejas, aunque a punto estuvo de tener un disgusto cuando sonó el segundo aviso y el toro no doblaba…
Se lució Manzanares al veroniquear a pies juntos al que abrió plaza, cómodo y chico pero que tuvo afán embestidor y bondad, sin que su matador optase por otra cosa que la composición formal, sin cruzarse, echando las embestidas hacia afuera y sin asumir grandes compromisos. La espectacular estocada y la resistencia del toro a doblar, enervando a la concurrencia, le valieron una oreja.
Tampoco con el cuarto se le vio dispuesto, toreando con bastante desajuste y despegado, cumpliendo otra labor como de trámite.
Se dejó sin picar al segundo, que aún así llegó muy apagado a la muleta, sin que Cayetano lograse sacar partido ni nada destacable en su primer turno, viéndose apurado al entrar a matar.
Al quinto se le pegó duro en varas y perdió las manos ya al salir del caballo. Despegado y fuera de cacho abusó de tirones sin lograr acoplarse con un toro que tuvo buen son. Pero apostó por el ornato y el envoltorio antes que fajarse con su oponente, con el que nunca se confió.









