El fallo con el verduguillo le impidió redondear una faena inmensa.
Madrid, 28 de mayo.
Plaza de Las Ventas.
Decimoséptimo festejo de San Isidro.
Corrida de la Prensa.
Lleno de ‘No Hay Localidades’
Toros de Garcigrande.
Morante de la Puebla, ovación y división de opiniones.
Alejandro Talavante, silencio en su lote.
Tomás Rufo, silencio en los dos.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presidió la Corrida de la Prensa en su 125 aniversario. Presenció la corrida junto a la presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid, María Rey, y Espartaco, que ejerció de asesor.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Decimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro con toros de Garcigrande, en general justos de entrega, y medida duración, a los que se enfrentaron Morante de la Puebla, Alejandro Talavante y Tomás Rufo. Morante dio un recital de toreo añejo e imperecedero que solo él sabe elevar a la categoría de arte inmarcesible. Con su capote recogido meció parsimonioso, lento y suave por verónicas, clavando los pies en el albero. Hizo un quite a cuerpo limpio, recortando junto al burladero, cuando José María Amores salió comprometido después de colocar banderillas. Con la muleta los doblones fueron excelsos. La colocación siempre en el lugar adecuado para ligar el siguiente. La ejecución de muletazos fueron con mando, transmisión, empaque y torería de máximo nivel. Alejandro Talavante no consiguió llegar al público con su lote. Tomás Rufo no terminó de entenderse con el mejor de la corrida, en el otro fue imposible emocionar.
Morante saludó a la verónica sin tocar y con quietud. En varas derribó en la primera al embestir a los cuartos traseros del caballo. En la segunda se dejó pegar. Grandioso inicio de faena con la muleta, cerca de tablas, pasándolo semigenuflexo con suavidad, poderío y doblándose por bajo. En la pañosa embistió con clase, humilló, llevándolo con cercanía, enroscándoselo a la cintura, para a continuación dejársela puesta y ligar, perfectamente colocado, con el siguiente. Por el izquierdo acudió al paso, lo desplazó con quietud, en serie corta, repitiendo, adornándose a pies juntos a la antigua usanza y desbordando torería. No hubo oreja pero sí apoteósica vuelta al ruedo. Su segundo embistió suelto, sin entrega en el capote y sin permitir estirarse. De muleta lo tocó por abajo pasándolo por ambos pitones, abrevió y estoqueó pronto.
Alejandro Talavante tuvo un primero con calidad y transmisión medida que no permitió lucimiento con el capote. Inició cerca de las tablas con la muleta, pasándolo a pies juntos con pulcritud. Lo llevó cerca de los medios corriéndolo en tandas cortas y repetitivas por el derecho sin transmisión. Cambió al izquierdo y entre el poco ritmo del toro, la expectativa del torero, la embestida escasamente entregada y la carencia de conexión con el público, la faena no terminó de remontar. Se estiró saludando en los medios a pies juntos a su segundo. En la muleta por el izquierdo apenas se desplazó. En el tercio por el derecho solo los permitió de a uno, punteando la tela, sin entrega y nula conexión con los tendidos.
Tomás Rufo lanceó con empaque a pies juntos a su primero, rematando por abajo a una mano. Se entregó en varas. En la muleta embistió con nobleza y prontitud. Inició en el tercio por el derecho dándole profundidad, bajando la mano y dejándoselo atrás. Adelantó el engaño y templó quedándose descolocado en el transcurrir de la serie. Por el izquierdo intentó llevarlo uncido a la muleta, sin terminar de conseguirlo. Por ambos pitones faltó algo de acople y reunión que impidió la conexión con el público. Su segundo metió bien la cara en el capote, sin terminar de pasar lo suficiente para transmitir. Manseó en el caballo. En el tercio embistió por el derecho con nobleza, atendiendo al toque pero sin entrega ni transmisión. Lo intentó también por el izquierdo en tandas de dos, tres y el obligado de pecho sin que el escaso picante del toro ayudara a poder compactar faena.
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