Plaza de toros de Pamplona. Domingo, 10 de julio de 2016. Calor y lleno.
Seis toros de Pedraza de Yeltes, muy bien presentados en variedad de capas y de tipos. En general mansos y descastados con pocas posibilidades de lucimiento salvo los nobles en la muleta por el lado derecho cuarto y quinto.
Curro Díaz (rosa y oro): Media estocada trasera baja, silencio. Pinchazo, metisaca, otro pinchazo y sartenazo, silencio tras algunos pitos.
Iván Fandiño (salmón y oro): Pinchazo y media estocada trasera tendida, silencio. Cuatro pinchazos, otro quinto tras levantarse el toro después de doblar y dos descabellos, aviso y silencio tras muchos pitos.
Juan del Álamo (verde manzana y oro): Estocada tendida baja y trasera, silencio. Pinchazo hondo y tres descabellos, dos avisos y silencio.
Destacó a caballo Curro Sánchez. Y en banderillas, Víctor Manuel Martín e Iván García.
Tras el paseíllo, sin romperse y con todos los toreros descubiertos, se guardó un emocionantísimo minuto de silencio mientras la banda de una de las peñas interpretó la oración del silencio en memoria del matador Víctor Barrio muerto antier en la plaza de Teruel.
José Antonio del Moral
No por esperado – fue anunciado varias veces por la megafonía antes de comenzar el festejo -, el minuto de silencio que se guardó ayer en la plaza de toros de Pamplona tras el paseíllo fue realmente histórico por la enorme emoción que nos deparó a todos los que llenamos la plaza y, por supuesto, a todos los actuantes que desfilaron descubiertos de monteras los de a pie y de castoreños los picadores, y lo mismos los monosabios y los mulilleros. Pero emocionante también por cuanto en esta plaza, siempre muy ruidosa, conseguir que nadie de entre las peñas canturreara, fue algo insólito. Bien es cierto que hubo un amago de voces enseguida acalladas por no pocos peñistas y aficionados de sombra ante el amago de aprovechar esta situación para hacer propaganda política. Fueron los miembros de la peña más extremista de las abertzales que exhibieron una gran pancarta que pedía la liberación de los presos de ETA. Una patochada desde luego irrespetuosa además de absolutamente intolerable. Menos mal que el dislate duró escasos segundos.
Curro Díaz, todos pensamos que dada su presencia en la corrida de Teruel – tuvo que matar al toro que había matado a Víctor Barrio – ayer no podría actuar como si aquello no hubiera sucedido. De Curro Díaz se venía diciendo que este año está mejor que nunca. Que apenas tiene dudas. Que su toreo artísticamente inspirado le brota como el agua de una fuente. Por lo que me enteré al final de la corrida, Curro no había podido conciliar el sueño la noche que siguió a la tragedia. Incluso gentes de la organización de esta feria habían dudado de la presencia del de Linares… Pero vino y y compareció aparentemente bien. Bien por fuera, pero ya vimos que, por dentro, no. Sus dudas, sus imprecisiones fueron patentes con el primer toro que fue uno de los peores del envío. Bueno. Tuvimos que esperar para ver lo que hizo con el mejor cuarto. Un toro noble. No para tirar cohetes, pero ciertamente manejable. Y Curro esto mejor que con su primer toro. Pero no como dicen que anda últimamente aunque en tal o cual muletazo dejó su impronta artística y la adivinación de lo que pudo ser y no fue. Anduvo Curro bien intencionado pero sin disparar. En fin…
Cuando los toros no son buenos y, más aún, cuando son malos, cuando presentan dificultades, es cuando los toreros más obligados se ven a afinar la inteligencia y más deben tranquilizarse, despejar la mente y relajar el cuerpo. No fue este el caso ayer de Iván Fandiño, otrora gran triunfador en anteriores Sanfermines. Dejemos pasar lo del segundo toro de la ganadería debutante en Pamplona. No fue bueno. Ni mucho menos. Pero el quinto fue noble por el lado derecho y bien que lo aprovechó Fandiño en los primeros compases en redondo, ligando un par de rondas a los de pecho. Solo un enganchón. ¿Por qué cambió de mano y se puso para torear al natural en vez de exprimir el mejor lado? Vaya usted a saber. No es el único que así lo hace. Mal hecho, por cierto. Muchas veces he dicho y no me cansaré de repetirlo que tal proceder es inconveniente porque si, por el otro lado, el izquierdo en este caso, no se presta el animal y, aun peor, si para colmo el torero no es capaz de templarlo y se deja enganchar la muleta en cada intento, lo más seguro es que cuando vuelva al lado bueno, el toro no se comporte como antes. Y esto fue lo que le pasó a Fandiño. Que lo que parecía iba a ir para bien, acabó para mal. El toro se paró. Y para muy mal con la espada en su inacabable pinchar. Total, que como venimos observando en Fandiño desde hace bastante tiempo, su bajón profesional es más que patente. Fueron las ruinas de Fadiño lo que padecimos. Y la gente se lo recriminó con pitos como no podía ser de otra manera.
Quien mejor anduvo ayer aunque sin llegar a romper, fue el salmantino Juan del Álamo. Tuvo el peor lote. Pero al menos anduvo firme, dispuesto y todo lo templado que buenamente pudo. No como sus dos colegas. Los mejores lances y los muletazos más completos y limpios de ayer corrieron de su cuenta. Pero ninguno de sus dos toros fue propicio. Y, además, a la hora de matar, el de Salamanca no anduvo precisamente certero.
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