Miguel Hernández y los toros. Artículo de Enrique Amat

El próximo martes se cumple el 75 aniversario del fallecimiento de uno de los poetas más importantes de la literatura española del siglo XX. Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado dentro de la Generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior, hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como: “genial epígono de la Generación del 27”.

Nacido en Orihuela el 39 de octubre de 1910 y pastor de cabras desde niño, en 1925 llegó a cursar estudios de Derecho y Literatura. Al tiempo que cuidaba del rebaño, Miguel leía con avidez y escribía al mismo tiempo sus primeros poemas. Hizo un primer viaje a Madrid en busca de fortuna, aunque volvió a Orihuela sin haber conseguido abrirse camino. Tras editar su primer poemario, Perito en Lunas, volvió a la capital para tratar de abrirse paso de nuevo.

En esta ocasión, el escritor José María de Cossío le escogió como secretario personal y de esta manera Hernández fue uno de los redactores de la enciclopedia Los toros. En ella colaboró en la redacción y edición de los cuatro primeros tomos, destacando las biografías que salieron de su pluma. Entre ellas, sobresalen las de José Ulloa Tragabuches, Rafael Molina Lagartijo, y el precursor del belmontismo, Antonio Montes. Colaboró además con asiduidad en Revista de Occidente, e hizo amistad con poetas coetáneos como Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Luis Rosales y Rafael Alberti. Algunas de sus obras más destacadas fueron Quién, El rayo que no cesa y Viento del Pueblo.

La tratadista argentina Graciela Susana Puente Iglesias escribió una tesis doctoral titulada Miguel Hernández, poética taurina, que se publicó en Buenos Aires por la editorial  Botella al Mar en 2006. En la misma se analiza la poesía taurina del escritor de Orihuela. Para ella, el toro, considerado el símbolo por excelencia de España, es un elemento al que Miguel le confiere un valor especial, atribuyéndole significados como: “amor, destino trágico, virilidad, muerte, sexo, soledad y  celos.

Hernández tuvo gran afición por las corridas de toros. Su amistad con Ignacio Sánchez Mejías le llevó a escribir el drama titulado El torero más valiente. Se trata de una muestra de teatro poético, subtitulada Tragedia española. Una obra inspirada en la muerte de Ignacio en Manzanares. No pudo estrenar su obra y fue en la revista El Gallo Crisis de Orihuela donde se publicaron las escenas IV y V de la misma, en enero de 1935. Y hubo que esperar hasta el año 1986, cuando Agustín Sánchez Vidal logró reconstruirla y editarla ya de forma completa. En cuanto a su argumento, comienza con la muerte del torero Flores en la plaza, al recibir un botellazo que le provoca una distracción, de resultas de la cual sufre una cogida mortal. A su compañero José le acusan de no haberle hecho el quite. Ello provoca el distanciamiento entre su novia Soledad y la hermana de ésta, Pastora, esposa de Flores. Esta situación hace que José abandone los ruedos, pero más tarde decide volver. Y en su reaparición sufre una cogida mortal. Las dos hermanas se consideran entonces culpables de lo acaecido, en tanto que su peón Pinturas cree que todo ha sido un acto suicida.

En esta obra aparecen como personajes el escritor Ramón Gómez de la Serna y José Bergamín, y además sitúa una escena, durante el tercer acto, en el café Pombo de Madrid, como dedicatoria al mundo cultural de Madrid.

En relación con su poética, en Perito en Lunas destacan dos octavas con temática íntegramente taurina. Una, la titulada Toro, en la que se encuentran los siguientes versos:

¡A la gloria, a la gloria toreadores!

 La hora es de mi luna menos cuarto.

 Émulos imprudentes del lagarto,

magníficos el lomo de colores.

 Por el arco, contra los picadores,

 del cuerno, flecha, a dispararme parto.

¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,

golfo de arena- en mis bigotes de oro!.

Y en la  titulada Torero escribe:

Por el lugar mejor de tu persona,

donde capullo tórnase la seda,

fiel de tu peso alternativo queda,

 y de liras el alma te corona.

 ¡Ya te lunaste! Y cuanto más se encona,

 más. Y más te hace eje de la rueda

 de arena, que desprecia mientras junta

 todo tu oro desde punta a punta.

Por otra parte, en El rayo que no cesa se incluyen cuatro sonetos taurinos. En uno de ellos se dice:

Silencio de metal triste y sonoro,

espadas congregando con amores

en el final de huesos destructores

de la región volcánica del toro.

El soneto diecisiete comienza de esta manera:

El toro sabe al fin de la corrida,

donde prueba su chorro repentino,

que el sabor de la muerte es el de un vino

que el equilibrio impide la vida.

En el veintitrés están unos versos que se hicieron muy célebres:

Como el toro he nacido para el luto

y el dolor, como el toro estoy marcado,

por un hierro infernal en el costado

y por varón en la ingle con un fruto.

 

En el último de estos sonetos taurinos, el veintiocho, concluye:

La muerte, toda llena de agujeros

y cuernos de su mismo desenlace

bajo una piel de toro pisa y pace,

un luminoso prado de toreros.

 

Miguel falleció en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942.

Nacido en Valencia en 1959.

En la actualidad es redactor en los portales Avance Taurino y Tauroimagenplus, así como en la revista de la Unión de Federaciones Taurinas de España (UFTAE) y colabora en el programa de radio “Toros con El Soro” de Intereconomía Radio y El Remolino de Ocho TV.

Desde septiembre 2019 dirige el programa de Tendido 1 en Play Radio 107.7 FM.