Salvo contadas excepciones, los toreros respetan al público, o al menos aceptan sus juicios.
Me contaba, hace unos años, mi buen amigo y extraordinario torero y mejor persona, Ángel Luis Bienvenida, una anécdota que refleja fielmente esa filosofía.
Salvo contadas excepciones, los toreros respetan al público, o al menos aceptan sus juicios.
Me contaba, hace unos años, mi buen amigo y extraordinario torero y mejor persona, Ángel Luis Bienvenida, una anécdota que refleja fielmente esa filosofía.