A Javier Sánchez Arjona le cupo el honor de inaugurar la temporada en la Comunidad Valenciana con una novillada en la plaza de toros valenciana de Bocairent. A pesar de ello, en una mañana muy ventosa y con el piso en deficientes condiciones, las cosas resultaron.

Enrique Amat
La ganadería de Javier Sánchez-Arjona tiene divisa verde y planta, con señal en la oreja orejisana en ambas y pasta en la finca ‘El Collado’ de Martín de Yeltes
“La novillada resultó encastada. Tuvo su punto de exigencia. Pasamos un buen día aunque hacía aire, frío y el piso estaba regular, pero los toreros estuvieron bien y los astados, acabaron por emplearse dentro de estas circunstancias.”
Los novillos tuvieron mucho que torear, como suele ser habitual en su casa.
“Como digo, el piso y el viento condicionaron mucho las lidias de los. Los novillos tuvieron su punto de exigencia. Quizá les faltó un poco más de entrega y clase, pero tuvieron la virtud de la movilidad, también la fuerza suficiente y sin ser un encierro tremendamente encastado, me quedé satisfecho globalmente de su comportamiento.”
Fue una notable prueba para los chavales, un examen y una buena piedra de toque. Porque además no solo tiene que servir el toro, tiene que servir el torero.
“Así es, al toro también se le debe ayudar para que rompa y colabore en su lidia. Pero, como digo, influyó mucho el aire y el estado de La plaza. A algunos chavales se los notaba que estaban muy puestos y otros menos. Pero en general cumplieron. El mal uso de la espada privó de mayores premios, pero aun así dos de los novilleros salieron por la puerta grande.”
Un novillo, de nombre Chapinero, marcó diferencias.
“Tuvo clase, humilló, metió la cara y sobre todo la colocaba muy bien. Fue el más fuerte de presencia y también el más poder. En conjunto sus hermanos también estuvieron bien presentados. Y no lo veía fácil, porque cuando me propusieron lidiar la novillada, me preocupaba la fecha, porque en Salamanca, como todos sabéis, los inviernos son duros y no sabía si iban a llegar a tiempo a estar suficientemente presentados. Luego el viento condicionó, lo que para el torero es complicado, porque si además de estar pendiente del novillo, tiene que estar pendiente del aire que mueve los engaños, eso condiciona mucho. Pero la verdad es que ellos cumplieron. Con el estado del piso tal y como estaba, lógicamente también al toro le cuesta más desplazarse y moverse. Con la arena blanda por supuesto que eso condiciona mucho el juego. “
Lo de Coquilla no ha dejado de tener siempre su punto de exigencia.
“Tiene sus peculiaridades por el encastre Santa Coloma, que le pone punto de exigencia a todo. Nosotros teníamos dos hierros. El de la Unión, que era el del encaste Domecq y el de la Asociación, que era de Coquilla. En 1984 decidí comprar unas vacas a Juan Pedro Domecq y crear otro hierro bajo la denominación de Sánchez Arjona. En 2019 decidí quitarlo todo, venderlo a Lorenzo Fraile para la Ventana del Puerto y quedarme sólo con lo de Coquilla, que tenía vía mi tío Sánchez Fabrés. Nos quedamos con lo coquilla y lo pasamos a nuestro hierro de la Unión. Y ahora el hierro de la asociación lo mantenemos, porque nunca se sabe, pero de momento está parado. ”
Coquilla es como una reserva espiritual de occidente.
“Hombre, es curiosa la expresión. La verdad es que es un encaste de Santa Coloma tiene con unas características diferentes sobre todo en cuanto al morfología se refiere. Es una rama de Santa Coloma llevada a Salamanca en el año 1916. El Conde de Santa Coloma formó la ganadería en base a ganado de Ibarra que cruzó con Saltillo. Ese año, Santa Coloma vendió a Francisco Sánchez Coquilla la parte más ibarreña de la ganadería. Lo de Domecq siempre ha sido más toreable y más fácil para el torero, por ser más previsible en su comportamiento. Cuesta más trabajo para los toreros estar delante de lo de coquilla. Ya dijo Chicuelo aquello de “los Coquillas, dulces como rosquillas y picantes como guindillas”. Como ganadero, me es más difícil hacer un pronóstico del juego que pueden dar en la plaza. Es más fácil, si te atreves a apostar, acertar con lo de Domecq, pero en lo de coquillas es una selección que se hace mucho más complicada. “
Y, además, tienen la característica de la imprevisibilidad y la emoción.
“Para mí, es más interesante lo de coquilla. Porque en el toreo lo bonito es lo imprevisible. Cuando sabes ya de antemano lo que puede pasar y no te equivocas, falta esa parte de emoción, de riesgo, de duda. En 1934 se vendió parte del encaste coquilla y una cuarta parte de la compró mi abuelo materno. Y yo desde niño he vivido estos valores de coquilla.”
Cuando un ganadero ve el juego de sus toros desde el tendido, buscará ciertas cosas.
“Sobre todo, el comportamiento. Yo estoy pendiente de que el toro vaya haya más en su conducta en La plaza. Sobre todo, estoy pendiente de la humillación y de la fijeza, porque a veces nuestros ejemplares tienen tendencia a distraerse una vez avanzada la faena. Hay que tratar de evitar esto. Y analizar también el tema de la falta de humillación.”
Con todo, estas faenas de la tauromaquia posmoderna, de tan larguísimo metraje, tampoco ayudan mucho.
“Estoy de acuerdo en que el toreo no debe ser así. Pero, para el ganadero, no debe ser solo una excusa. A mí lo que me preocupa es que mis astados se pongan a mirar al tendido. Que a mitad de faena dejen de humillar y salgan distraídos de los embroques. Eso sí, lo que no tienen es tendencia rajarse ni a irse a tablas, eso se le da muy poco encaste. Lo de Domecq se paraba y apagaba más. “
Se es ganadero por romanticismo y por afición.
“Se aguanta por romanticismo y por amor al campo bravo. Ahora no pretendo más que lidiar algunas novilladas. Estos años de atrás hemos lidiado corridas de toros y aunque parece que no, requiere mucha dedicación.Ahora nos hemos quedado solo la parte de coquilla con la que voy a anunciarme solo en novilladas, y estoy centrados en ellas. Este año se venden bien porque hay escasez. Al igual que de toros. Esto es una afición y una locura. Yo me lo paso bien. Es algo que lo he mamado desde niño y para mí es gratificante, aunque a veces, las cosas no son como uno quiere y también se lleva uno sus buenos disgustos.”
Meterse en la finca, debe ser un remanso de paz
“Es otro ambiente, es otro entorno, uno está más tranquilo que en la ciudad. Cierto. Pero también hay muchos problemas que se tienen que resolver cada día. Un novillo que sale cojo, o dos novillos que se han pegado, uno que se ha estropeado. O, cuando uno tiene el lote hecho para una plaza, luego lo tiene que recomponer porque un novillo seleccionado se rompe un pitón. Siempre hay que tener algo en la reserva por lo que pueda pasar. De los novillos que empiezan a comer, es muy difícil que todos ellos puedan llegar a ser embarcados para lidiarse en una plaza de toros.”
Usted tiene mucho cartel por esta zona. Y en Algemesí, fue todo un clásico.
“Lidié hasta trece años seguidos en Algemesí, con novillos de los dos encartes, y la verdad es que fue algo muy muy satisfactorio. Es una gran feria. También estamos colaborando con la escuela de tauromaquia de Valencia y para mí es una tierra a la que quiero mucho y en la que me siento como en casa.”








