Es curioso, y sorprendente, que alguien ajeno a la lidia persiga a los toreros hasta en el callejón para incitarles a que no se arrimen. Esta curiosa situación la vivió Victoriano de la Serna Ernst, hijo de Victoriano de la Serna.
Tirando de pico. ¡No se arrime!
Toreaba en la plaza de Villena. Precisamente en esa ciudad alicantina, quien firma estas líneas tiene enterrado a su padre, fallecido en 1945.
En el patio de cuadrillas aparece un señor y le dice: Tenga cuidado, no se arrime, esta plaza no tiene tanta categoría.
Mas tarde, entre barreras aconsejaba a los toreros: “Cuidado, mucho cuidado, no se arrimen, no se arrimen”.
Contaba el propio matador que durante su actuación tuvo la mala suerte de que la espada se le clavase en la pierna: “Me llevaron a la enfermería. Allí me encontré con el misterioso personaje, que no paraba de decir “no tiene importancia, no es nada grave”. Atónito, pregunté ¿Quien es este señor?
Respuesta: es el donante de sangre”.









