El artista colombiano falleció producto de una neumonía a los 91 años. Fernando Botero tenía una fuerte relación con la cultura española y se sintió especialmente inspirado por la tauromaquia

Fernando Botero, el pintor y escultor más reconocido de Colombia, falleció el 15 de septiembre a los 91 años de edad producto de una neumonía. Conocido por sus voluptuosas figuras, el artista seguía pintando en su estudio hasta sus últimos días, cuando tuvo que ser ingresado de urgencia en un hospital del norte de Italia.
Nacido en Medellín en 1932, comenzó su carrera artística en un periódico colombiano mientras estudiaba, y en los años 50 se trasladó a Bogotá, donde realizó sus dos primeras exposiciones individuales.
Las obras de Botero guardan un gran valor simbólico para el universo del arte, y algunas de sus creaciones han llegado a ser subastadas por hasta dos millones de dólares. Sus cuadros, destacados por personajes de grandes volúmenes, llegaron a los museos más importantes y sus esculturas de acero fueron colocadas en las calles y plazas de las grandes capitales. Sin ir más lejos, en Madrid, en Calle de Génova, se aprecia una de sus figuras.
A los 12 años Botero ingresó a una escuela para toreros en Medellín, una enseñanza que marcó su vida y su obra, que en parte está dedicada a la tauromaquia. A los 16 años vendió su primera obra relacionada con los toros.
Sus primeras ilustraciones fueron publicadas por el periódico El Colombiano, el más importante de la ciudad por ese entonces, y con el salario pudo financiar el fin de su bachillerato y los primeros viajes que lo llevaron a Europa y Estados Unidos.
En los años 50, Botero llegó a Bogotá y se empezó a juntar con los artistas vanguardistas de la época. Hizo dos exposiciones, ganó un premio y así logró recursos para trasladarse a Madrid y luego a Paris.
Con él, la tauromaquia también ha perdido a uno de sus embajadores más apasionados e influyentes, pues, habiéndose decantado por los caballetes, el maestro nunca se olvidó del toreo. Era normal verle en las plazas de toros de todo el mundo disfrutando de las corridas que tanto le emocionaban. Sin duda, consiguió dejar su profunda huella en lo taurino con sus obras, y tuvo en sus “Tauromaquias” una extensa colección dedicada al toreo. En su libro ‘Bullfight’ condensa su creación taurina con la reproducción de más de 140 pinturas y 35 dibujos que realizó a lo largo de su carrera.
Además de innumerables carteles para corridas de todo el mundo (como las de Sevilla en 1999 o la encerrona a beneficio de los damnificados por el terremoto de Haití), Botero diseñó un capote de paseo que lució César Rincón con motivo del LC aniversario de la inauguración de la plaza de toros “Santamaría” de Bogotá.









