El protagonista de la siguiente anécdota fue Jaime Ostos, buen torero y extraordinario estoqueador, que compitió con los mejores de su época, en la que, la nómina de grandes toreros, fue de las más notables de la historia del toreo.
Un amigo de Ostos, tenía buena relación con una marquesa muy aficionada a los toros. Sabiendo que esta señora iba a presenciar la feria de Pamplona en San Fermín, se aventuró a decirle. En Pamplona mi amigo Jaime Ostos te va a brindar la muerte de un toro.
Ostos en esa primera tarde estuvo bien para el buen aficionado, pero no así para las peñas sanfermineras.
Por la noche la marquesa ofreció una cena para muchos invitados. Entre ellos se encontraba Jaime Ostos.
La marquesa se dirigió a él y le preguntó ¿Ha estado usted en los toros esta tarde?
Si, fue la respuesta de Ostos.
Pues que decepción, me habían hablando muy bien de un tal Ostos y no visto en mi vida a un torero más pedante, más mal torero y más sinvergüenza que se ha burlado del público esta tarde.
Que me va a usted a contar a mi de Ostos, que lo conozco de toda mi vida.
Al momento llegó el amigo de Ostos, que sin saber nada le dice a su amiga la marquesa
Qué te está contando el matador. ¿Acaso lo mal que ha estado esta tarde?
La señora reaccionó y le dijo, Tómelo usted como quiera, pero sepa, que desde el primer momento yo sabía que usted era Jaime Ostos.
Pues de la manera más respetuosa lo he tomado señora.
Gracias, discúlpenme un momento y la marquesa se ausentó.
A los pocos minutos regresó con un reloj de oro en la mano.
Es el regalo que tenía preparado por si usted me brindaba un toro.
Gracias señora.
Dos días más tarde en mi segunda corrida le brindé un toro al que le corté las dos orejas y el rabo.
Pero, eso si. Hubo regalo sin brindis.









