Lo cuenta de esta manera Luis Parra “Jerezano”.
“Ocurrió en una corrida celebrada en Las Ventas. Se lidiaron toros de Victorino Martín, para José Mata, El Macareno y yo. Macareno recibió una cornada.
Yo había matado a mi primer toro. Mi segundo me cogió, pero sin herirme. El doctor Máximo García de la Torre me prohibió salir, pero advertí a mi mozo de espadas, que cuando Mata estuviera lidiando el quinto, me avisara.
Salí y el médico me aconsejó que me quedase en la enfermería.
No hice caso y me planté delante de chiqueros. El torilero no abría la puerta. Insistía y me hacía señales con el dedo en señal negativa.
Me levanté y le dije: “Abra usted el toril, que me derrito de miedo”.
Aquello duró una eternidad, porque con la manga que tiene tan larga la plaza de Madrid el toro no llegaba nunca.
Hubo un silencio larguísimo, y cuando el toro pasó junto a mí, la plaza estalló en una ovación enorme. Afortunadamente luego le corté las dos orejas al victorino.
Pero lo pasao, pasao…”









