Pierde con el estoque un gran triunfo tras una excelente faena a un toro de Adolfo Martín.
Las Ventas, 28 de mayo.
Decimoséptimo festejo de la Feria de San Isidro.
Toros de Adolfo Martín.
Fernando Robleño, ovación y dos vueltas al ruedo.
Román, silencio con aviso, silencio y silencio.
José Garrido, es cogido por su primero, sufriendo una cornada de 15 cms. en el muslo derecho que le afecta al nervio ciático y le impide continuar la lidia.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Toros de Adolfo Martín, y un sobrero de Pallarés, con buena presencia, variedad de hechuras, dieron escaso juego y no facilitaron la labor de los toreros. Los atisbos de casta fueron de más a menos durante la lidia y la escasez de fuerza fue lo predominante durante la tarde. La cornada de quince centímetros con dos trayectorias que hirió a José Garrido, en su primero, dejó la corrida en un mano a mano entre Román y Robleño. Destacó éste en el tercer toro que estoqueó con una exhibición de colocación, adelantamiento de la pierna de salida, composición de la figura, temple, relajo y acompañamiento con la cintura que el público disfrutó. Dos ovacionadas vueltas tuvo que dar, tras la denegación por el Presidente de la petición de trofeo, al no acertar al primer intento en la suerte suprema y tener que utilizar finalmente el verduguillo. Román tuvo unos ejemplares que no colaboraron para hacer toreo de lucimiento pero sí mostró disposición, entrega y valentía. José Garrido recibió con quietud a su primero que en la segunda verónica se lo llevó por delante y la cornada le impidió continuar en el ruedo.
El primero de Robleño se quedó corto en el capote y repuso con velocidad. Con la muleta lo intentó por los dos pitones con insistencia. A base de sobar consiguió darle recorrido por el derecho, por el otro la carencia de humillación inicial y el menor desplazamiento le obligó a insistir consiguiendo ligar tres muletazos. Fernando fue a más e instrumentó con la izquierda dos mandonas series ligadas con tardeos en los remates de pecho. En el del percance de Garrido se limitó a colocarlo para estoquear. En el tercero no pudo estirarse con el capote y bregó con inteligencia y oficio. En la muleta fue bravo, encastado y colaborador. Inició con la izquierda y las dos series cargando la suerte, llevándolo embebido, encajándose, relajado, reunido y con torerísimo remate de pecho llegó a los tendidos que exteriorizaron sonoramente su emoción. Dos vueltas al ruedo entre aplausos fue el premio a esta gran faena.
El primero de Román tuvo escaso fuelle. Con la muleta se puso en el sitio por ambos pitones y con esfuerzo ligó muletazos pero la tónica del astado era tardear, no emplearse y tener escasa movilidad para terminar parándose. Se pegó un arrimón pero la tarea resultó imposible. Su segundo fue manso, mirón y estático. No hubo forma. Su tercero bis, sobrero de Pallarés, resultó manso, apenas pasó y cuando lo hizo fue sin transmisión. No le dio opciones.
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