Vuelta para Francisco de Manuel en Las Ventas

Los toros no dieron muchas opciones para el lucimiento.

Las Ventas, 27 de mayo.

Decimosexto festejo de la Feria de San Isidro.

Casi lleno.

Toros de El Pilar.

Diego Urdiales, ovación y silencio.

Pablo Aguado, ovación y silencio.

Francisco de Manuel, vuelta al ruedo y silencio.

 


Miguel Ángel Herráiz

Foto: Plaza 1

 

Toros de El Pilar y un sobrero tercero tris de Conde de Mayalde. Los de El Pilar apenas dieron juego, mansearon, tuvieron poca fuerza, no se entregaron, ni dieron opciones salvo la excepción en los quites del primero protagonizados por Urdiales, quien deslumbró y por Aguado parando el tiempo a la verónica. En su toro dictó una media a cámara lenta que los aficionados recordarán por mucho tiempo. Francisco de Manuel se entregó no sólo a la verónica sino que, además, con la muleta echó el resto, comenzó de rodillas y al tercer pase fue violentamente levantado con la fortuna de poder recuperarse y continuar la lidia. Pudo optar por aliviarse con la pañosa pero, nada de eso. Aguantó coladas, hizo frente a la escasez de recorrido toreando muy cerca y solventó con arrojo, inteligencia y buena nota el peligro y la mansedumbre del tercero tris. Podría haberse venido abajo pero lo que hizo fue arriesgar en vez de gesticular quejosamente. Se buscó su propia opción, la ejecutó jugándoselo todo y el público lo entendió, conectó con él. Pidió insistentemente la oreja que el Presidente no concedió. La entrega con máximo riesgo fue la única opción elegida por Francisco de Manuel por eso dio la única vuelta al ruedo de la tarde.

Diego Urdiales dio unas templadas, suaves y sentidas verónicas por el pitón derecho que fueron contestadas por Pablo Aguado con otras asentadas, hondas y categóricas verónicas a las que Urdiales replicó por delantales y arrebatadas verónicas. En la muleta de la codicia y fijeza inicial se pasó a la escasez de fuerza y a la descomposición final del muletazo, junto con la pronta reposición del toro. Urdiales no encontró solución a las dificultades que le presentó. Su estático, manso, apagado y deslucido segundo no dio posibilidades.

Pablo Aguado instrumentó unas pausadas, importantes y artísticas verónicas a su primero. En el quite la maestría, persuasión y delicadeza de la media fueron rotundamente aplaudidas por el público. En la muleta se agotó pronto y no pudo rematar atrás. Su segundo fue manso, sin fuerza , desrazado y acunado en tablas.

Francisco de Manuel saludó a su primero tris de Conde de Mayalde con una larga cambiada de rodillas junto a tablas. Después de brindar al público inició de hinojos y al tercer muletazo lo levantó feamente del suelo y una vez recuperado lo dio todo por ambos pitones, se le coló peligrosamente por ambos, aguantó, arriesgó y cobró un estoconazo entregándose sin condiciones. Dio una merecida vuelta al ruedo. En su segundo no estuvo acertado con el estoque ni con el verduguillo.

 

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