Pasearon una oreja cada uno tras sendas sólidas actuaciones.
Las Ventas, 13 de mayo.
Cuarto festejo de la Feria de San Isidro. Casi lleno.
Ganado de Maria Guiomar Cortés de Moura para rejones y de Montalvo para la lídia a pie.
Diego Ventura, ovación yoreja.
Paco Ureña, silencio en su lote.
Ginés Marín, silencio y oreja tras aviso.
Miguel Ángel Herráiz
Foto: Plaza 1
Dos toros de María Guiomar Cortés de Moura para rejoneo y cuatro de Montalvo para lidia de a pie. Los que correspondieron a Diego Ventura fueron bravos y colaboradores y de haber matado al primer intento habría cortado una oreja que junto a la que le concedió el Presidente, en el otro, habría supuesto una nueva salida por la Puerta Grande alcanzando la número 18. Mala fortuna tuvo Paco Ureña al estoquear a su primero que eclipsó todo lo que realizó con entrega y oficio. Su segundo fue el peor de la tarde. Ginés Marín tuvo un primero soso pero compensó cuando derrochó torería en el que cerró plaza, además de convencimiento y solvencia con su toreo por ambos pitones.
Diego Ventura recibió y desde la salida templó hasta dejarlo en los medios. En el quiebro inició de largo y encandiló al respetable. La movilidad, colaboración y fijeza del astado, junto a la destreza en la ejecución y cercanía en los embroques, hicieron que la cosa tomara vuelo subiendo la intensidad al clavar las tres rosas, a dos manos el último par, encerrándolo en los medios y envolviéndolo. Clavó el rejón de muerte al segundo intento. En el otro el passage, las piruetas y las banderillas al quiebro permaneciendo parado frente al toro entusiasmó. El acierto al primer intento con el rejón de muerte propició la obtención de la oreja.
Paco Ureña saludó por verónicas con cercanía a su primero al que remató con dos garbosas medias. Ginés en su quite lo hizo con unas ceñidísimas chicuelinas y Ureña respondió con cuatro gaoneras de infarto y una airosa de revolera entre los aplausos del respetable. Los estatuarios con la muleta fueron excelentes y los trincherazos tuvieron sabor añejo. Pronto empezó a tardear y pararse. La justeza de fuerza y la deficiente colocación del estoque terminó de enfriar el ambiente. Su segundo no le permitió estirarse a la verónica. En banderillas tuvo peligro. En la muleta se puso andarín, empezó a quedarse corto y no hubo forma de cogerle el sitio ni la distancia. La buena estocada no consiguió levantar el ánimo.
No se enceló en el saludo capotero el primero de Ginés Marín. Perdió las manos a la salida del caballo. Con la muleta mostró disposición pero aunque noble el toro tuvo poco fuelle. En el otro algo tardo y obediente brindó al público. No terminó de entregarse el toro pero con la izquierda alargando el brazo, bajando la mano, aguantando parón y rematando mirando al tendido en el de pecho Ginés demostró que tenía sitio. Cambió de pitón y consciente de sus posibilidades los dio de a uno con torería y sentimiento culminando con un estoconazo.
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