Pablo Lozano narra la siguiente anécdota de sus tiempos como novillero.
“Cuando me inicié en la profesión, mi padre se empeñó en buscarme un maestro, que resultó ser “Madrileñito”, quien lo tomó con mucho interés.
En un festejo que organizó Eugenio Ortega, un ganadero de Añover, que era muy amigo nuestro, me dijo:
– Hombre me tienes que hacer un favor. Aunque ya has toreado con caballos, torea una novillada que organizo en Torrijos. donde te echaré dos animales de toda confianza para que triunfes.
Llegó la hora del sorteo, y el otro espada, que era Carlos Saldaña, se negó a que no hubiera sorteo. Madrileñito que era muy impulsivo se dirigió a Toreri de Torrijos, que iba de banderillero, y le dijo:
– Esto se arregla pronto, en el fundón hay tres estoques de acero dulce toledano. Cogemos una espada cada uno y en medio del ruedo nos batimos”.
Pablo Lozano remataba la singular anécdota con con una fuerte carcajada !Qué barbaridad!









