A lo largo de 280 páginas, se traza un recorrido sobre esta célebre tradición ibérica que unió a España y Filipinas durante más de cuatro siglos.
En ella se combina la obra pionera del escritor español Wenceslao E. Retana (1896) con recientes investigaciones académicas para estudiar y reflejar la tauromaquia tal y como se practicaba en la que fue la colonia más lejana de España.
Aunque el casi medio siglo de ocupación estadounidense provocó el declive del arte taurino, éste resurgió en Filipinas bajo el mandato del Presidente Ramón Magsaysay, quien, en la celebración del décimo aniversario de la república, programó festejos taurinos.
En este trabajo se traza una historia comparativa de las corridas de toros en España y Filipinas, donde existe otro espectáculo -las peleas de gallos- que históricamente ha impedido una mayor aceptación de las prácticas taurinas. La batalla sobre el trato a los animales, que ha perseguido tanto al arte de las corridas de toros como al de las peleas de gallos desde el siglo XVI hasta el XXI, es el hilo conductor de todo el libro.
Como reflejo de estas actitudes contrapuestas, este libro documenta los cambiantes argumentos en defensa o en contra de las corridas de toros.
El libro está enriquecido con más de 200 imágenes, un glosario taurino bilingüe, una cronología global, un “Quién es quién” y la traducción del clásico de Wenceslao E. Retana Fiestas de Toros en Filipinas (1896), este libro no sólo ofrece un completo vademécum de la historia taurina española y filipina, sino también un entretenido viaje literario a través de la animalidad y la humanidad.
La tauromaquia todavía se practica hoy en día España, Francia, Portugal, México, Perú, Ecuador, Colombia o Venezuela, pero también se celebraba en lugares como Filipinas y también en otras provincias del archipiélago.
Se cuenta que la primera y más antigua corrida de toros de Filipinas se realizó en la fiesta de la Inmaculada Concepción en el año 1619 durante la época del gobernador general Alonso Fajardo y de Tenza, un caballero murciano
En la Plaza de Paco, cerca de la ciudad amurallada de la Vieja Manila, construyeron en 1885 un una plaza de toros. También se establecieron en Batangas con la ayuda de los madrileños y andaluces que allí vivían. Luego en Iloilo, donde había pelea s entre dos toros entre sí.
Las últimas corridas de toros tuvieron lugar en el Jardín Sunken entre 1953 y 1957. En ellas actuaron el rejoneador portugués José Rosa Rodríguez, el matador español Manolo Navarro, el mexicano Pepe Luis Vázquez, la torera norteamericana Bette Ford y el portugués Manuel Dos Santos.