El pasado martes 1 de Noviembre, Festividad de Todos los Santos, falleció el fotógrafo Albert Faricle, a consecuencia de un cáncer. Era uno de los profesionales de “la vieja escuela”, y último fotógrafo “oficial” de todo lo relacionado con la Monumental. Desde la muerte del anterior fotógrafo Sebastián, se encargó de cubrir todos los festejos durante casi una treintena de temporadas, y en su archivo figuraban todos los pormenores de los festejos.
José R. Palomar
Faricle trabajó en varios medios de comunicación escritos, y en diversas especialidades, como el fútbol. Y su otra gran pasión, y profesión, fue la fotografía taurina. Ejerció tal tarea en revistas como El Ruedo, en su última etapa; y también Aplausos, 6 Toros 6, y otras publicaciones. Siempre estaba presto al favor o “al quite”, cuando un periodista necesitaba una foto para ilustrar una información…También tuvo participación en ese cometido en Avance Taurino.
Este reportero fue junto a él a varios eventos relacionados con la Fiesta. Y me viene a la memoria un viaje a Sabadell, a la remozada Nova Creu Alta, para presenciar y ser testigo de un partido en el que participaban los diestros Finito de Córdoba y Serafín Marín (en el 2003). O cuando fuimos a cubrir un Manuel Díaz “El Cordobés”, convaleciente en la clínica tras una cornada en la Monumental.
Albert Faricle nació en Tudela, pero se formó profesionalmente en Barcelona. Cubrió todos los festejos de la Monumental hasta la última corrida: el 25 de Septiembre del 2011. Al perecer el ambiente taurino en Barcelona, viajo a Chile donde convivió con su segunda mujer. Posteriormente se estableció en su pueblo navarro, de nuevo en España, y por esos lares también aprovechó para cubrir la actualidad taurina.
Hombre vehemente, de carácter fuerte, y al mismo tiempo con la nobleza del navarro. Desgraciadamente la cruda enfermedad le embistió como el toro peligroso, y lejos de tratamientos decidió morir en Barcelona (su segunda tierra) en compañía de su hijo. No quiso que hubiera velatorio ni ceremonia, y esos designios así fueron cumplidos: sus restos fueron incinerados, y trasladados a Tudela.









