Guilermo Hermoso de Mendoza hizo lo más destacado y lucido del cuarto festejo de la feria de Albacete.
Albacete, 11 de septiembre.
Cuarta de feria
Tres cuartos de entrada.
Toros de Fermín Bohórquez, de juego desigual.
Lea Vicens, silencio y silencio con aviso.
Juan Manuel Munera, oreja y silencio.
Guillermo Hermoso de Mendoza, ovación y dos orejas.
Paco Delgado
Fotos: Alberto Núñez Aroca
Como ya es habitual y norma de obligado cuplimiento, también este año hubo corrida de rejones en la feria de Albacete, un festejo que reunió a muchísima gente en la explanada que rodea a la plaza para contemplar de cerca los caballos de los rejoneadores y el trajín de mozos y cuidadores en torno a los sofisticados y gigantescos camiones con que trasladan a los equinos.
También mucho público en el interior del coso para presenciar el cuarto festejo del abono, y su aforo se ocupó aproximadamante en sus tres cuartas partes. Lo que no está nada mal.
Como tampoco lo estuvo la actuación de Lea Vicens con su primero, desentendido de salida y al que fue metiendo en la pelea poco a poco, demostrando su habilidad y dominio al llevarlo a dos pistas. Clavó muchos hierros, de manera desigual y no tuvo tino con el rejón de muerte ni con el verduguillo.
El cuarto buscó prontolos terrenos de toriles y echó la cara muy arriba, poniendo en algún aprieto a la rejoneadora nimeña que, no obstante, solventó la papeleta con oficio y soltura. Aunque tardó mucho en matar.
Apretó el segundo a Juan Manuel Munera, que llevó a cabo una labor afanosa y trabajada para conseguir gustar a los paisanos, que aplaudieron sobre todo sus exhibiciones y alardes lejos del toro. Le dio mucha tralla al animal que se puso luego complicado para matar.
Tuvo pies el quinto, al que le costó dejar los rejones de castigo y en lo que estuvo mucho rato. Luego el animal, agotado, se echó y tuvo que ser apuntillado. Eso provocó confusión, puesto que la gente, y el propio Munera, creían que habría sobrero, a lo que había lugar, y se protestó la inmediata presencia en el ruedo del nuevo Hermoso para cumplir su segundo turno.
Guillermo Hermoso de Mendoza fue el gran destacado de la función. Ratificó su potencial y su consolidación en el grupo de figuras de la especialidad, templando sin aspavientos y con mucha naturalidad a su primero, clavando arriba y reunido y exhibiendo una cuadra muy preparada y segura, de la que brillaron, por ejemplo, Extraño, Ilusión o Corsario.
Y con Berlín entusiasmó al encelar y banderillear al sexto, haciendo olvidar el enfado del personal, dando otra lección de toreo a caballo y monta de alta escuela, maravillando también al adornarse con cortas y rosas. No se demoró ahora con el rejón de muerte y a sus manos fueron dos muy justas y merecidas orejas. El magisterio se hereda, sí, pero también hay que currárselo.









