Miguel Ángel Perera y Paco Ureña pasearon las dos únicas orjeas concedidas.
Vistalegre, 20 de mayo.
Octava de feria. Alrededor de mil espectadores.
Toros de Hnos. García Jiménez, de buenas hechuras y presentación, con desigual comportamiento.
Miguel Ángel Perera, oreja y ovación.
Paco Ureña, oreja y ovación.
Daniel Luque, ovación y ovación.
Miguel Ángel Herráiz
Fotos: Andrew Moore
Derroche de conocimiento y calidad en la terna. El peor lote le correspondió a Daniel Luque que aprovechó lo poco que se podía sin posibilidad de lucimiento. Perera y Ureña tuvieron oponentes para poder desarrollar el arte que atesoran.
Templó con el capote recibiendo por mecedoras verónicas al que abrió plaza. Con la muleta Perera toreó con largueza por el izquierdo y aguantó la irregular embestida con sereno valor. Fue capaz de corregir defectos tirando de oficio y dio la sensación de que el toro parecía mejor de lo que en realidad era. Embistió al compás de la muleta saliendo mejor del último tramo del muletazo. La estocada quedó en buen sitio. En el otro la faena fue a más, el toro transmitió e instrumentó algunas series templadas y con calidad.
La quietud, elegancia y mando de su toreo con la izquierda, a compás abierto y ciñéndose con el toro, nos concienció de que estábamos disfrutando del arte del toreo de Ureña. Su segundo fue poco picado en la muleta y tragó por el derecho. Dio trincherazos excelentes y naturales a pies juntos de categoría superior.
Por verónicas y arriesgando recibió Luque a su primero. Con la muleta demostró que los puede pero la condición del astado levantando la cara solo permitió dar algunos sueltos de calidad. Con su serio y escaso de fijeza segundo fue imposible destacar y aunque consiguió pararlo se rajó enseguida.












