Álvaro Lorenzo y Ginés Marín pasean los primeros trofeos de San Isidro.
Vistalegre, 13 de mayo.
Primera de feria. Entrada aproximada de 2.000 localidades de las 5.500 puestas a la venta.
Toros de “El Pilar”, de buenas hechuras y presentación en general aunque con distintas entregas y comportamiento.
López Simón, ovación en su lote.
Álvaro Lorenzo, silencio tras aviso y oreja.
Ginés Marín, palmas tras aviso y oreja.
Miguel Ángel Herráiz
Fotos: Andrew Moore
Sensación extraña la de asistir a una plaza de toros desde la que no puedes ver el sol, acostumbrándote a su caricia o inclemencia, ni sentir ese viento casi contínuo, según dicen muchos profesionales taurinos, que nos hace temer por la seguridad de los de a pie cuando vamos a Las Ventas del Espíritu Santo.
Ginés Marín con un triunfo sin tacha consiguió aliviarnos y nos demostró que cuando hay entrega, verdad, sentimiento y arrebato se olvida el entorno, las circunstancias y la falta de arraigo que conlleva celebrar el rito isidril en otra plaza.
Qué emoción en su alto y serio segundo toro al que saludó Ginés con apretadas chicuelinas que fueron jaleadas con emoción en los tendidos. Con la muleta se colocó en el sitio con actitud, decisión, ganas y dispuesto a ganarle la partida al que le tocó en suerte demostrando quien era el que mandaba. Tragó mucho a un toro que con la muleta se le venía cerca, achuchaba y derrotaba con brusquedad y violencia. La condición del toro no permitió la deseada ligazón pero porfió, se entregó y estuvo por encima del astado. Colocó una estocada y obtuvo una merecida oreja que supo a poco. Álvaro Lorenzo toreó pulcramente con el capote a su noble segundo cuidándole en la muleta, aunque al final terminó parándose. Consiguió una oreja protestada y no equiparable a la de Ginés. López Simón fue volteado por sus dos toros llevándose afortunadamente solo un susto cuando toreó de muleta a su segundo. La corrida tuvo presencia y fue áspera salvo el noble y con poca fuerza segundo.












