Hoy, 13 de mayo, es la fiesta de San Pedro Regalado, patrón de los toreros. La tradición ancestral indica que los toreros van al Monasterio de San Pedro Regalado en la burgalesa de La Aguilera (Aranda de Duero) para bendecir los trastos y trebejos de torear.
Pedro Regalado fue un monje franciscano que nació en 1390 en Valladolid y fue canonizado en 1746 por el papa Benedicto XIV en reconocimiento a sus acciones de caridad, su dedicación a los pobres y las obras milagrosas que protagonizó.
Cuenta la historia que en la madrugada del 25 de marzo de 1450, fiesta de la Anunciación de la Virgen María, este considerado fraile torero logró someter a un astado al que se encontró cuando salía de El Abrojo, en Laguna de Duero, rezando maitines con un compañero. Al parecer, el monje se acercó al morlaco, que se había escapado de la plaza cuando se celebraba un festejo, y, tras clamar al cielo, le ordenó agacharse y el animal se sometió a él. Pedro bendijo al toro y le mandó partir sin hacer daño a nadie como así ocurrió.
En 1746 Valladolid le nombró patrono de la ciudad del Pisuerga e hizo voto de celebrar su festividad el día 13 de mayo. Y en 1951 fue nombrado patrono de los toreros, quienes se encomiendan a él al comenzar la temporada.
Con el tiempo algún que otro fraile pisó los ruedos, como fue el caso del matador de toros Juan García Mondeño, quien en un momento de su vida decidió abandonar los ruedos y tomar los hábitos en la localidad burlagelsa de Caleruega, aunque luegi decidió clgar los hábitos y volver a torear.
Y anecdótico resultó el paso por los ruedos de Rafael Sañudo, quien se anunciaba como Fray Gaditano. Un torero nacido en Arcos de la Frontera, quien llegó a tomar la alternativa a los 42 años el 1 de noviembre de 1986 en su localidad natal. Su padrno fue Jaime Ostos y el testigo Andrés Vázquez con toros de los hermanos Peralta.
Por su parte, Paco Camino interpretó en 1966 la película Fray Torero, dirigida por José Luis Sáez de Heredia. En ella intewrpreta el papel de Francisco, un monje cuya mayor ilusión es cambiar el hábito por el traje de luces y convertirse en torero. Cuando el convento donde habita comienza a tener problemas económicos, decide lanzarse a los ruedos.









