Mañana se cumple el aniversario del nacimiento en la localidad sevillana de Alcalá del Río, el 28 de abril de 1868, de Antonio Prudencio de la Santísima Trinidad Reverte y Jiménez. En los carteles, Antonio Reverte. Su figura dio pie a una obra de teatro, bautizada como un “romance andaluz”, que tuvo mucho éxito en su tiempo.

Enrique Amat
La novia de Reverte, pieza teatral en tres actos, se estrenó en el Teatro Fontalba de Madrid el 16 de marzo de 1933. Estuvo protagonizada por la actriz Carmen Díaz, quien encarnaba el papel de Rosario Reyes, la novia. Y el del torero Manuel Centeno Reverte por Manuel Canales. Más tarde fue editado por la editorial La Farsa en formato de libro, con ilustraciones de Gutiérrez Navas.
Sus autores fueron Francisco Serrano Anguita y Manuel Góngora, quienes en la dedicatoria escribieron: “A Carmen Díaz, la novia de Reverte. Homenaje de Paco y Manolo.”
Está escrita en verso y en él se reflejan ambientes pintorescos. Tiene mucha animación teatral, con una acertada observación de los tipos y está dotado de una destreza versificadora muy propia de sus autores. La acción sucede en la localidad imaginaria de Guadalgenil, a medio camino entre Córdoba y Sevilla, en el transcurso de un día de toros. La actriz Carmen Díaz puso de largo en 1933 La novia de Reverte, obra de Manuel Góngora y Serrano Anguita. El argumento está inspirado en la leyenda del torero Antonio Reverte, aunque no tiene relación directa con su vida.
Por algún tratadista se le ha considerado como el primer millennial del toreo. Fue el primero en tener un vehículo a motor en Sevilla. Introdujo en su Alcalá natal inventos como el teléfono, la cámara fotográfica, y un gramófono. Incluso tenía un globo aerostático y mantuvo una amistad con los hermanos Lumière, quienes le filmaron toreando por primera vez en la plaza francesa de Nimes.
Posiblemente no fuera el mejor matador de su época pero sí el más querido y el de más tirón popular.
Muy castigado por los toros, el día 6 de septiembre de 1903 hizo el paseíllo en Marsella. De regreso a Madrid, cayó gravemente enfermo, víctima de un tumor en el hígado, que hizo necesaria una intervención quirúrgica de urgencia. Falleció el inmediato día 13.
Los amores de Reverte se cantaron en coplas aunque fue triste el final de su historia. Murió solo y abandonado en un hospital, lejos del pueblo que le vio nacer, mientras una muchacha bordaba y bordaba el pañuelo de la espera, ese pañuelo que hizo inmortal la imaginación popular:
La novia de Reverte,
borda un pañuelo.
Con cuatro picadores,
Reverte en medio.
Y en cada esquina
un letrero que dice ¡Viva Sevilla!









