Juan Ajenjo El Popeye Torero es un personaje de leyenda dentro de los espectáculos cómico taurinos. Y ahora, tras más de 45 años de experiencia, estrena apoderamiento en la figura del matador de toros, apoderado, empresario y ganadero Gregorio de Jesús.

Enrique Amat
“Llevo en la brecha muchos años. Y ahora comienzo una nueva etapa. Gregorio me llamó y me interesó el tema. Porque yo comencé con su padre. El primer viaje a América lo hice con el espectáculo. Decidí hablar con él porque es un luchador romántico, una persona muy vinculada al espectáculo, ya que estuvo actuando en la parte seria. Y su padre era quien dirigía el espectáculo. A Jesús le conocí con 14 o 15 años cuando toreaba sin caballos. Es trabajador, es luchador, está bien relacionado y bien considerado. Y vamos a luchar y creo que va a ser una buena experiencia.”
Sus comienzos fueron con las capeas.
“Así es. Yo me crié de pequeño con los animales y desde muy chico empecé a ir a las capeas, a los encierros. Me gustaba recortar a los toros, salía a las vacas, la recortaba, les hacía cosas y me montaba encima de ellas. Me gustaba hacer reír y entretener a la gente. Mi carácter ha sido siempre muy dicharachero, siempre he tenido una vis cómica y desde el primer momento la apliqué en mi relación con los toros.”
El Popeye llegó después.
“Sí, en América gané mucho dinero, y después de varios años actuando en otros espectáculos, ahorré un capital y me puede independizar. Y creé un espectáculo en el que yo hacía el papel de Popeye y a los enanos les vestí de marineritos, porque no existía ningún espectáculo con este argumento.”
Los espectáculos, los cómicos taurinos, en su momento salvaron muchas ferias.
“Había muchos. El Toronto, como El Chino Torero, Galas de Arte, El Empastre. Era la alegría de muchas empresas, ya que el dinero que perdían en los festejos mayores, y las corridas de toros, lo compensaban luego con lo que ganaban con la charlotada, que era como se llamaban por entonces estos festejos. Eran unos espectáculos salva ferias, y es una pena que ahora no se cuente con ellos. No es que sea culpa de nadie, pero el sistema ha decidido apartarnos y es una pena y ello no es bueno ni para los profesionales ni para las taquillas.”
Ustedes, son toreros.
“Como su nombre indica, somos toreros y somos cómicos. Yo me siento torero como el que más, con independencia que también haga reír. En la plaza se dan pases, muletazos, capotazos y encima luego se hace reír a la gente, con y sin el novillo. Son como dos profesiones distintas en una, la de actor cómico y la de torero. Y hay que ser muy profesional, y tener oficio, tablas y conocimientos de la procesión para poderles hacer las cosas que les hacemos a los animales. Aquí nadie te lo pone fácil.”
Valencia siempre ha sido la cuna del toreo cómico.
“Así es. Ha sido la cantera de los espectáculos. De aquí surgieron, tanto en Catarroja como en Valencia. Y se había siete troupes en Madrid, había 15 en Valencia. Y grandes toreros como en El Bombero Torero o El Gran Ricardo entre otros, que daba gusto verlos. Yo aprendí muchísimo de ellos. Los años te hacen madurar, desarrollarte y coger el oficio, pero las enseñanzas de aquellos grandes toreros fueron para mí muy importantes.”
Ahora hay que enfrentarse a la polémica que ha surgido en algunas fuerzas políticas por la presencia de los enanos al ruedo.
“Es una polémica que me tiene despistado, y también muy enfadado. No sé por qué se meten con los más pequeños. Yo llevo 40 años en esto y he hecho siete viajes a América. Los pequeños son de corta estatura, pero tienen derecho a comer, a ser artistas, actores, poetas y a trabajar y ganarse la vida. De toda la vida ha habido pequeños, lo que pasa es que ahora se dejan ver más. Antes se quedaban más en casa. Pero se ganan la vida en el día a día. Y no es justo ni tiene sentido meterse con ellos. Son libres para elegir su profesión. Además, es un trampolín para abrirse camino en la vida y de darse cuenta de que no son seres de otro planeta, son como los demás. Yo tengo el caso de un rumano, a quien me encontré tirado en un portal. Se creía que era el único enano que había en España. Se vino con nosotros con el espectáculo, y ahora tiene una empresa con otros pequeños para organizar fiestas, comuniones, bodas y demás. Por eso, si no se les permite trabajar, se les humilla. La gente no se ríe de ellos, sino con ellos, que es muy distinto.”
Y también es una pena lo que ha pasado con la parte seria.
“Eso fue un tema de la ley Corcuera. Yo asistí a aquellas reuniones y lo cierto es que es una pena. Porque tantos toreros buenos se forjaron y salieron de allí, como Manolete, Antoñete, Espartaco, Dámaso González, Ortega Cano, El Soro, Gregorio de Jesús. Eso fue un golpe bajo para la fiesta. La parte sería daba categoría al espectáculo. Y daban puestos de trabajo a los banderilleros, sueldos y boletines. Y era un trampolín para los chicos que querían ser toreros en una época en la que no había escuelas y no había tantas facilidades para poder torear.”
La ilusión de cara a la temporada 2021 no se pierde.
“Hay que pasar página del año pasado. Yo creo que Jesús va a mover a Popeye. Es buena gente, es luchador, no para de trabajar y nos hemos juntado dos luchadores. Ahora hay que tener la esperanza que las empresas se acuerden de nosotros para la programación de las ferias. Y que los ayuntamientos también nos tengan en cuenta. Ahora hay mucha gente joven en los ayuntamientos, que no conocen el espectáculo y hay que hacérselo llegar para que lo puedan tener en cuenta y agendarnos sus programaciones festivos y ferias.”









